¿Desorientados y confundidos?


De acuerdo con un estudio del Pew Research Global celebrado en los primeros días de marzo, los estadounidenses han transformado de manera radical su manera de informarse en los últimos años. Si bien el estudio está circunscrito a hábitos digitales (es decir, no analiza la evidente exposición a Fox News), marca pautas que bien pueden ser extrapoladas a otros regiones del mundo, incluyendo naturalmente la de nosotros, vecinos del sur, siempre tan apegados a las tendencias del norte.

En la encuesta realizada para formular el análisis, el tanque de ideas de Washington preguntaba específicamente: ¿En el transcurso de la última semana, cuál es el porcentaje de tiempo promedio que invirtió para consumir noticias en línea a través de…? La respuesta principal (36%) fue de apps y sitios de noticias, inmediatamente seguida de redes sociales (35%), motores de búsqueda (20%), alertas o newsletters (15%) y mensajes de familia o amigos (7%).

Pensemos que las respuestas no son del todo honestas. Es decir, habría que hacer un descuento importante entre lo que la gente reconoce como fuentes de información y las que realmente utiliza. Aunque no tenemos datos confiables para aseverarlo, baste con mirar alrededor para apreciar, con pureza cristalina, la cantidad de gente que hoy se informa a través de whatsapp parecería muy superior al porcentaje de un dígito que admite el grupo de 2,000 adultos consultados por Pew Research, pese a que la metodología implicaba dos preguntas diarias con técnicas depuradas de interacción de la gente con esas noticias.

Un dato interesante es que ya 10% de los encuestados menciona a Facebook directamente como su fuente primaria y única de noticias, sin distinguir entre el origen de la información que leen (una vez más, hay que suponer que ese porcentaje es mucho mayor al que se reconoce). Y esto naturalmente, como ya lo hemos comentado antes en este espacio, es una de las razones primordiales por las que las noticias falsas se cuelan con eficaz velocidad, al igual que en el modo en que se comparten al instante (una gran mayoría de las veces sin haber sido leídas, más allá del titular y la entradilla) en esos mismos muros o en esa plaga llamada “grupo de whatsapp”, donde conviven por igual un afroamericano caribeño de miembro viril prominente, memes ingeniosos, chistes ofensivos y noticias con vinculación a sitios muy atentos al clickbait y poco responsables con la veracidad de la información que “generan”.

En días pasados, todo este tema (los hábitos cambiantes de acceso a la información, la veloz transformación de los medios y la proliferación de noticias engañosas o falsas) fue abordado con intensidad en Newsgeist, una unconference (reunión sin agenda previa ni formatos prefijados) organizada en Sao Paulo y auspiciada por Google con apoyo de la International Center for Journalists, en la que participaron miembros destacados de los medios tradicionales y nuevos medios, junto con académicos, investigadores y desarrolladores de plataformas tecnológicas del continente americano. Luego de 48 horas de debate intenso, la conclusión es que no hay conclusión, más allá de la ley de la energía: nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Y esa transformación implica un desafío creciente e ineludible para la industria de medios de información, que si quiere mantenerse con algún aliento de vida (hablamos aquí de los serios, por supuesto), debe encontrar caminos alternativos de ingresos y uso intensivo de datos.

¿Desorientados y confundidos? Buen comienzo. Bienvenidos al club, ese que hoy forma larguísimas filas en las salas de espera de los consultorios de terapeutas, coaches y consultores, para ver si de casualidad queda por alguno que ilumine un poco el camino, antes de que sigamos informándonos de un modo tan torpe, limitado y manipulado que repercuta en una reproducción de Donald Trumps a escala masiva en los liderazgos internacionales.

Por lo pronto, tengamos presente –otra insistencia, disculparán- que ya viene el 2018 y nuestra calidad de información es piedra angular para nuestra capacidad de discernimiento de modelo de futuro en México.

Columna El Retrovisor publicada en la Revista Expansión.

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