Los funerales de noviembre


Tras la proclamación en las urnas de la población blanca de Estados Unidos, sobre todo en las estados industriales del norte, hoy no sólo atendemos los funerales de las esperanzas liberales con contar con un gobierno -en el país todavía más poderoso del planeta- que privilegia la libertad, la apertura, la integración, sobre la imposición, la cerrazón y la división.

No. Hoy también empezamos a atender los funerales de muchas premisas que dieron germen a nuestros sistemas democráticos y que han intentado tener acercamientos racionales para explicar lo irracional: los movimientos sociales se generan por motivaciones emocionales. Así las cosas, hoy también, cabizbajos, parecemos vestirnos de negro, mirándonos apenas de reojo en el espejo, a los silenciosos funerales de los medios tradicionales y mainstream, a las casas encuestadoras, a los internacionalistas, a los analistas más sesudos de los acontecimientos sociopolíticos y socioeconómicos. Todos nos equivocamos. Como ocurrió temprano en el año con el Brexit. Como volvió a ocurrir en Colombia con el No. Hemos dejado de entender al mundo al no atender los impulsos más primarios del ser humano. Al minimizar el poder de sus temores. Al reducir a fantasías inoperantes su adicción a los cuentos mesiánicos.

Tras diversos llamados, tan visibles en geografías diversas, luego de transitar por tantos reality shows, parece que la amenaza constante de la serie Game of Thrones, se ha cumplido: el invierno ha llegado. Y es de pronóstico reservado.

Cito, finalmente, a Alain de Botton y su artículo The Citizen in Frightened Times, publicado hoy mismo en The New York Times: “No deberíamos estar sorprendidos por nuestros conciudadanos. Esto es lo que realmente es el animal humano: muy dulce visto desde cerca, usualmente generoso con los niños y los ancianos, trabajador, pero altamente tribal, ofendido por los extraños, fantasioso, lejano al análisis racional y encantado con los planes mesiánicos sin sentido. Las élites no perdieron el contacto porque olvidaron cuánto cuesta un litro de leche, sino porque olvidaron lo oscura y rota que es la naturaleza humana”.

 

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