Mercaderes de la duda


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¿Qué tienen en común la industria del tabaco, la farmacéutica, la alimenticia, la química, la del petróleo y la NFL?

Dos palabras: propaganda y simulación.

En efecto, bajo ciertas banderas de científicos a modo, comunican dudas. Utilizan la estrategia difamadora para crear la impresión de fomentar el debate científico. Una y otra vez es igual: no está demostrado que el cigarro mata, que los medicamentos tienen efectos secundarios devastadores, que los productos químicos y los combustibles fósiles alteran el clima mundial, que los golpes en la cabeza del deporte más popular de Estados Unidos causan concusiones fatales.

Todo es una farsa, una simulación para defender los intereses económicos de grandes industrias, para no alterar el status quo. Pero no tenemos detectores de bullshit de largo alcance. Si acaso, libros como “Merchants of Doubt” (Bloombsbury Press, 2010), de Naomi Oreskes y Erik M. Conway, que pone el dedo en la llaga sobre los paralelismos en la discusión global del cambio climático y las controversias anteriores alrededor del tabaquismo, la lluvia ácida y el DDT, entre otros temas parecidos.

Oreskes y Conway argumentan que en todos esos casos la estrategia ha sido mantener viva la controversia mediante la transmisión de duda y confusión después de que se ha alcanzado cierto consenso científico. El objetivo es oponerse a la acción y salvaguardar los intereses corporativos. Incluso muestran el modo en que muchas corporaciones privadas otorgan recursos a think tanks y fundaciones conservadoras para que generen “estudios” e “investigaciones” que contradigan los consensos científicos.

Se trata de generar una deliberada confusión para desacreditar a la ciencia, diseminar información falsa y, por supuesto, generar duda, todo con el objetivo de imponer sus agendas e influenciar a la opinión pública y al desarrollo de políticas públicas. En su momento, el propio semanario The Economist, pese a su mira conservadora, aplaudió el libro, haciendo énfasis en el modo en que varios científicos fabricaron y exageraron incertidumbres sobre daños ambientales y de salud pública. Se sumó también American Scientist, señalando que esta obra es pilar para entender la manera en que se desata toda esta “historia de la ignorancia fabricada”.

Oreskes y Conway tienen credenciales para hablar. La primera es historiadora y científica de la Universidad de Harvard. El segundo es historiador del Jet Propulsion Laboratory del Instituto Tecnológico de California, en Pasadena. En su revisión de los hechos –que más tarde se volvió un documental con el mismo título-, hablan desde la óptica menos común: la de los intereses de los ciudadanos de a pie y los consumidores. Si acaso omiten algo, en todo caso sería lo que se ha abordado en muchos otros foros: el de la gran farsa de la industria de los alimentos, esa que fabrica obesidad para después entregarle a las farmacéuticas enormes masas humanas para que sean “curadas”. Cosas del samsara, pues.

¿Y qué pasa de este lado? En México no recurrimos a los científicos para simular verdades ni crear confusión. Aquí la estrategia es más simple (o sofisticada, según se quiera ver): la política de la distracción (política ficción, citando a un clásico). Y no para argumentar dudas sobre temas de salud pública y medio ambiente, que estamos lejísimos de ese debate –como no sea el de que los autos no circulen un día en el Valle de México-. No. Acá, el juego es para restarle presencia mediática a los opositores –o a ciertas noticias muy incómodas- que se vuelven un riesgo para el régimen. Por supuesto, a falta de investigadores científicos, en estas tierras recurrimos a videntes y brujos, a náufragos que navegan sin contratiempos durante nueve meses y a animales fantásticos como el chupacabras que rondan los campos. Aquí, faltaba menos, la falta de ciencia se cubre con dosis adecuadas de realismo mágico.

Y que se callen las chachalacas, las víboras prietas y todos aquellos que promulgan la política ficción. Dudo, luego existo.

(Columna El Retrovisor, publicada en Expansión, Junio 15, 2016)

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