Mi ciudad


Vivo donde las quesadillas pueden ser con o sin queso. Donde ahorita puede significar ahora mismo o un tiempo indefinido o jamás. Donde un nuevo reglamento de tránsito provoca terror porque ya no se podrá invadir el carril peatonal, pasarse las luces rojas o conversar en el celular mientras se maneja. Donde las reuniones se vuelven fiestas y tienen una (supuesta) hora de llegada, pero jamás hora de término. Donde los policías son casetas móviles de peaje. Donde en la primavera brotan las jacarandas, en el verano llueve estruendosamente, en el otoño llegan los cempasúchil y en el invierno las nochebuenas. Donde todas las noches hace frío y todos los días calor. Donde todas las horas y en todas las calles es hora pico, y cuando no es hora pico cierran las calles para limpiarlas o repararlas y entonces reaparecen las horas pico. Donde los agujeros en el pavimento tienen hasta nombres y apellidos. Donde la numeración de las calles cambia caprichosamente, igual que el nombre de las mismas. Donde los carritos de camote aúllan, los de tamales cruzan las calles con frases pregrabadas y los compradores y vendedores de cosas usadas traen megáfonos en los techos. Donde la Central de Abastos es una ciudad inabarcable, el mercado de Sonora un hospital de remedios de herbolaria, el mercado de San Juan un paraíso gourmet y casi todos tierra de cultivo de merolicos que ofrecen remedios mágicos para todos los males del cuerpo y del alma, incluyendo el mal de amores. Donde el sur está lejísimos, el norte también, igual que el oriente y el poniente. Donde nos mentamos la madre con fiereza y nos reconciliamos casi de inmediato. Donde se come mejor que en cualquier lugar y que en cualquier país. Donde todo el tiempo nos quedamos de ver y casi nunca lo hacemos. Donde las manifestaciones y marchas se han vuelto parte del paisaje. Donde caminamos, corremos, andamos en bici, descansamos en los camellones y chiflamos para iniciar conversaciones. Donde nos hemos inventado un puente vacacional llamado Guadalupe-Reyes, pretexto idóneo para brindar de casa en casa y de bar en bar. Donde la que gobierna y manda es la Guadalapuna, desde su casa en el Tepeyac, a donde millones de peregrinos de todos lados llegan y, nadie sabe cómo, se acomodan durante días. Donde en el Día de Muertos los vivos, que no estamos tan vivos, inundamos los panteones con una colección de manjares y tragos para agasajar a nuestros muertos, que no están tan muertos. Donde desayunamos fuerte, comemos fuerte y cenamos fuerte. Donde bebemos unos tequila, otros mezcal y muchos pulque y tepache, pero también cerveza y vino, ron y whiskey, ginebra y vodka, y casi todo lo que implique grados Gay Lussac. Donde incluso los tacos al pastor mediocres son un manjar suculento. Donde las calles son mercados sobre ruedas y restaurantitos ambulantes donde se puede degustar suadero, tripa, maciza, moronga, chuleta, chorizo, costilla, jugos frescos, tortas, papas fritas, nopales, elotes, esquites, pozole, menudo, pancita, cueritos, barbacoa, panuchos, mangos con piquín, tlacoyos, gorditas, sopes, huaraches, chalupas, garnachas, memelas, tamales, atole, tecolotas, quesadillas, chicharrones, churritos con chile y limón, tacos de canasta, chilaquiles, enchiladas, pambazos, chiles rellenos, huevos al gusto, jícamas, pepinos, aguas de horchata, tamarindo y jamaica, tostadas de pata y de tinga, pescadillas, frijoles charros, flautas, camotes y plátanos fritos, cocteles de camarón y ostión y combinados, aguachiles, sushi, hamburguesas, hot dogs y empanadas, casi todo de dudosa higiene pero de sabor exquisito. Donde los chilangos, que así nos llaman los de fuera, y así nos llamamos los de dentro, todos nos quejamos de la inseguridad, el tráfico y la contaminación, pero siempre nos gana la risa (y la sonrisa). Donde ya le quitamos el nombre de DF y ahora se llama Ciudad de México, pero siempre le diremos DF.

 

9 comentarios sobre “Mi ciudad

  1. Gran descripción de Chilangolandia la terrible pero entrañable a pesar de la enorme cantidad de conflictos cotidianos a los que nos enfrentamos todos los dias, y los incontables cretinos que se sienten dueños de ella, y que cada seis años intentan de formas diversas acabar con su encanto e historia. Hay que guardarla y acariciarla siempre, pues no sabemos hasta cuándo nos tolerará.
    Felicidades Javier, bellísimo relato.

  2. donde se quedaon los churrascos chocolate, los tamales y el atole, los guaraches y los merengues con sus duquesas? hace 30 anios sali de alli, ya no existen?, buen tiempo para este articulo, justo el de añoranza por las posadas, navidad y reyes. gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s