Rimas y fantasmas de vuelta a casa


No se puede más que celebrar cuando se está frente a un genio:

“Soy un sistema nervioso que se alimenta de rimas y fantasmas”, escribe magistralmente Nick Cave en La canción de la bolsa para el mareo.

Nick Cave escribe canciones. No son canciones a secas, sin adjetivos: son canciones memorables, entrañables. Una tras otra. Donde sea, y el gran valor de su libro, titulado así porque fue escrito en esas bolsitas que las aerolíneas colocan por si las turbulencias nos provocan mareo, es que es un diario de su gira norteamericana, un testimonio de rimas y fantasmas. Son esos libros-torpedo: lo empiezas a leer y ya no puedes escapar.

“Quererlo todo es lo que te acaba desangrando. Quererlo todo es el todo que te acaba matando. Por la mañana me pegaba a los talones mi sombra con forma de rey. Sin mi sombra no sé como se siente la otra mitad. Con lágrimas king-size…”

A esa canción, escrita entre bolsas de mareo de Air Canada, United, American, Alaska, British, la que sea, Nick Cave le vierte lágrimas king-size. Entre una y otra narra, sin querer siquiera, el proceso creativo que sigue, desordenado, revuelto entre musas y dragones, llamadas a su mujer, temores, hartazgo y sentadas a fumar afuera de los teatros.

“Saco mis pequeñas canciones de debajo de ti”. Me sentí muy feliz con ese verso. Pero tú, ¿dónde estás?

Degluí completo su libro sentado en el asiento 16C de un avión de KLM. Lo degluí completo, casi sin masticarlo. No me soltó. Desde sus primeras líneas me provocó postrarme frente a él, reconocerlo como un dragón, como una musa. Besé tres veces el libro a la hora de cerrarlo, igualmente sin pensarlo. Fue una reacción instintiva. De esas que sólo ocurren cuando se está frente a un genio, a un serafín con arpa y sonrisa maquiavélica, a un niño que se encuentra con un hombre y un hombre que se encuentra con un niño y que juntos se van a tirar por un puente hacia las vías del tren. El hombre y el niño son uno solo, uno mismo. Lo único que quieren, que quiere, es volver a casa.

“Y cuando la luna se acuesta sobre el lago, me siento en el suelo del bosque y bajo los arces plateados entiendo que en realidad no estamos solos. Entonces doblo en cuatro mi bolsa para el mareo. Ring. Ring. Clic. ¿Sí?                 Voy a volver a casa.”

Lo leo mientras yo mismo vuelvo a casa.

Y le digo a Nick que en su honor llevo ya, adentro de su libro, doblada, la bolsa para el mareo de KLM, donde le escribo que no tuvo empacho en escribir un libro que me perforó el alma, justo cuando yo termino mi gira anónima, de exclusiva repercusión personal, mientras coreo con él que efectivamente en realidad no estoy solo. Y estoy volviendo a casa.

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5 comentarios sobre “Rimas y fantasmas de vuelta a casa

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