Lo que se escribe es la vida


A cuentagotas, de café en café, en distintas geografías, convoco cotidianamente el dolor que causa escribir una novela recargada precisamente en memorias dolorosas de los personajes que la habitan. Detrás del silencioso gozo que otorgan los avances, la armonía que eligen las palabras para apretarse en los párrafos, vuelven los ojos, tercamente peregrinos, al ejercicio agotador de la relectura. Entonces los dedos oprimen la tecla de borrar. Una y otra vez borrar, una y otra vez volver a escribir. Avanzar, retroceder, dar saltos, tropezar.

La noche es victoriosa, pero la mañana perturba. Las primeras lecturas matinales son buitres que se avalanzan contra la carroña que conforman las palabras. Sólo las caminatas, los horizontes marinos, con su magia curativa, doblegan el ansia de tirar todo a la basura y desertar. La meditación en movimiento, la soledad de recorrer calles tomadas por desconocidos, aleja a las aves de rapiña y ejerce su convocatoria, a veces sutil, otras contundente, a recordar el objetivo redentor de este trabajo titánico.

Aún no sé quién ganará las batallas finales. Luis Eduardo Aute escribió en su canción De paso que la vida es un accidente, un ejercicio de gozo y dolor. Lo mismo aplica al acto de escribir. Porque inevitablemente lo que se escribe es la vida, con todos sus néctares y sus perturbaciones.

2 comentarios sobre “Lo que se escribe es la vida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s