Carta desde Finlandia


La primera aclaración que hay que hacer es que es verano. Cuando se está tan al norte, la precisión es importante. De otro modo, las calles de Helsinki no estarían inundadas de ríos de gente, no habría jazz en los parques, ni asoleaderos urbanos, ni mesas de restaurantes y cafés en la calle, ni tantas sonrisas.

Pero es verano y Finlandia está contento. Entonces uno puede subirse a los barcos y navegar por las islas tan cercanas, descubrir que quienes tienen casas de veraneo en algún lugar del archipiélago lo primero que construyen es un sauna de madera que tenga vista al mar, a tanto mar. También se puede caminar o recorrer en bicicleta los barrios de esta ciudad, admirar la arquitectura predominantemente art nouveu (sobre todo en el Design District), relajarse en los parques, curiosear en los museos, comerse una sopa cremosa de salmón, unas albóndigas de reno o un hot dog de los de verdad y rematar en un café. Aquí cabe una mención honorífica: después de Italia, en este país he tomado el mejor exprés del mundo. Lo saben preparar. Por algo, dicen, Finlandia es el país con mayor consumo per cápita de café. En el Tiedekulma, perteneciente a la Universidad de Helsinki (cuyo moto es The Power of Thought), hay que aplaudir después de dar un sorbo.

Helsinki me ha inspirado y aclarado muchas confusiones. Me ha dejado pensar. Es una ciudad pequeña, en paz, con una sociedad pareja y ordenada, pero está viva, es impresionantemente dinámica y tiene espíritu. Y wifi gratis. Mismo que me permite escribir sentado en una banca, junto al mar, donde una lancha que se llama Matilda se acerca a los muelles. Minutos atrás, luego de que un grupo de chinos despejara la zona tras tomarse decenas de fotos -incluidas varias con el ya extendido selfie stick-, quedó para mí el monumento a Sibelius, el gran músico finlandés.

Es imposible reducir a unas cuantas líneas lo que me han conmovido estas tierras salpicadas por el mar Báltico. Como no pretenden ser una crónica exhaustiva de viaje, sino apenas tenues apuntes de pequeños hallazgos en esta aventura solitaria, destaco que acá, felizmente, las librerías no son una especie en extinción. Uno se topa con librerías independientes, chicas y grandes, casi con la frecuencia con que aparecen los cafés. No en balde han logrado organizarse como una de las sociedades con mayor ingreso por cabeza. The power of thought es, al parecer, un leit motiv que no es exclusivo de la universidad.

Comparto unas imágenes que reflejan la diversidad de la capital finlandesa.

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2 comentarios sobre “Carta desde Finlandia

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