Otras patrias


La generosidad de la vida me ha permitido viajar, durante muchos años, por muy distintos países en al menos tres continentes. El modo en que esto ha enriquecido mi visión del mundo es incuestionable y me hace sentir muy afortunado. El establecimiento de vínculos, afectos y experiencias compartidas, junto con la empatía a otras culturas, visiones de la vida y manifestaciones crean un mosaico de diversidad que han desarrollado mi propia identidad a lo largo del tiempo.

Soy mexicano, de nacimiento y por convencimiento. Vivo en una de las ciudad más pobladas, conflictivas y divertidas del planeta: la Ciudad de México. Pero los lazos que me unen con otros países me han hecho considerar otros lugares del mundo como extensiones de mi propia patria. Sitios tan distintos y distantes como Colombia y Escocia me corren ya por las venas, en forma de aguardiente y de whisky, de arepas y haggies, de hamacas y kilts, de acordeones y gaitas, de calles de Bogotá y de Edinburgo. Pero también me identifico como parte del barrio de San Telmo y de la Recoleta en Buenos Aires, de Las Condes en Santiago de Chile, Miraflores en Lima, el centro histórico de Quito, el casco antiguo de Panamá, las calles de San Francisco, el SoHo y el NoLiTa neoyorquinos, el Venice Beach de Los Angeles, los mercados oaxaqueños y las costas del Pacífico mexicano, el barrio de las Letras y las marchas madrileñas, los lancheros del Loch Ness en el norte de Escocia, las mujeres de Medellín, el Chelsea y los pubs londinenses, las tratorías romanas, los parques y puentes parisinos, el centro de Praga, la costa de Croacia, las plazoletas de Cartagena, las motonetas de las islas griegas, el arte de vivir de franceses e italianos tan evidente en Provence, Burdeos y la Toscana, el ruido incesante de Delhi, la orilla del Ganges en Varanasi, la comida callejera y la sopa tom kha gai de Bangkok, las estaciones galácticas de trenes en China… en fin.

Sirva esta perorata para hacer el punto: la estadística (y la elección de nuestros padres) nos hizo nacer en determinado lugar, que nos forma y forja, pero al final somos lo que viajamos. Nos vamos transformando a lo largo del tiempo. Vamos agregando ingredientes al alma, con sabores, colores, texturas, acentos, idiomas, abrazos, climas y notas musicales que se nos cuelan a los círculos imborrables de las memorias.

Me gusta ser mexicano. Pero también colombiano y escocés. Un poco argentino e italiano. Otro peruano y español. Inglés y gringo. Francés y centroamericano. Me gusta más extender mi patria a cada lugar que se anida en mi corazón. Se puede fusionar, sí, el temperamento tropical con la serenidad sajona, el politeísmo hindú con la alegría latina. El resultado es la vida misma. Las fronteras son una convención artificial.

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7 comentarios sobre “Otras patrias

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