Nos queríamos tanto


Cuando los relojes están cerca de marcar 50 años, casi al unísono, la nostalgia comienza a ser parte del torrente sanguíneo. De pronto, ahí estamos, en un rancho queretano, medio centenar de compañeros de infancia y adolescencia, hurgando en nuestros rostros, reconociendo los gestos, escudriñando en los recuerdos, compartiendo viejas anécdotas y revelando nuevas historias.

Los misterios de la vida se resuelven en cinco minutos: da igual que tantas personas se reencuentren -muchas por primera vez desde hace 30 años-, abriendo un paréntesis a sus caminos diversos y hasta distantes, ya estamos ahí todos como si estuviéramos detrás de los pupitres, con la confianza y el afecto que brindaba la camaradería de la cotidianeidad, la maldad de tres o cuatro maestros, las fechorías incurables de algunos, las carcajadas inagotables…

Nos queríamos tanto. Y ese cariño que germina en la juventud parece no tener fecha de caducidad. Ahí estamos, dudosos de si llamarnos por el nombre de pila o propinarnos los motes que nos obsequiaban una personalidad adicional, una suerte de suplemento alimenticio a la identidad familiar. Así, flora, fauna, colores, personajes de caricatura y mero ingenio invaden el salón, y los buitres, truchas, camarones, dodos, gansos, negros, frijoles, lucas, locos, gogas, pirules, plátanos, borregos, litos, tatos, cordis, santísimos, fátimas, speedys, córcolos, mandibulines, igores, moscos, moscas, rojitos, huevos, ladrillos, más los nombres y los apellidos que sustituyeron los apodos, se quitan el velo de las reminiscencias y se tornan vigentes, emblemáticos y entrañables, como si se otorgara derecho de exclusividad a los miembros de esta cofradía para nombrar sin ofender y jugar sin lastimar.

Que 20 años no es nada, dice el tango; que 30 años es menos, decimos nosotros. Entre olas de abrazos y besos y choquecitos de vasos y copas, los corazones se reconocen y las luces de los ojos se encienden. Luego el baile y las canciones de entonces, contexto feliz de la fraternidad. Hermanas y hermanos no consanguíneos que tejieron cercanías a partir de voluntades, convicción y complicidad.

Nos queríamos tanto. Nos queremos hoy. Nos querremos siempre.

Salud, siempre, por la amistad incondicional.

la foto

2 comentarios sobre “Nos queríamos tanto

  1. Palabras certeras mi estimadísimo y querido Javier, donde difícilmente algún ex pupilo con antecedentes como los nuestros, podrá entender y “sentir”.

    Las lágrimas no se dejan caer, pero una… se escapa, y resbala por la mejilla.

    Una amistad que se ha convertido en hermandad y como bien lo dice en su texto, no tiene fecha de caducidad.
    Hemos vivido, y estamos viviendo una experiencia que cuando la cuento (decenas de veces) la gente se sorprende, es algo inusual y fuera ya de todo lo común.

    Es algo que muchos apenas conocen, entre pocos “compañeros” y de una sola etapa escolar, más no desde kinder (o los cuneros) hasta el día de hoy.

    ¡Somos afortunados en tenernos unos a los otros!

    Un abrazo a todos, absolutamente a todos.
    SPD

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