El último aliento del sol


Es un lugar común celebrar el atardecer, pero deberíamos ejercitar mucho más ese tipo de lugares comunes. Todos los días deberíamos ver el cielo.

Hoy me ha tocado un atardecer glorioso en un vuelo entre Buenos Aires y Santiago, justo encima de la Cordillera de los Andes. Era imposible quitar los ojos del horizonte, donde el último aliento del sol dibujaba policromías rojizas y naranjas. Un espectáculo gratuito inspirador y memorable.

Siempre buscamos la luz.

Carajo. La luz.

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