Contra el fanatismo


“La actual crisis del mundo, en Oriente Próximo, o en Israel/ Palestina, no es consecuencia de los valores del islam. No se debe a la mentalidad de los árabes, como claman algunos racistas. En absoluto. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia. […] El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal”.

“Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto…”.

Y sin tomarse lo que voy a decir al pie de la letra, me atrevería a asegurar que, al menos en principio, creo haber inventado la medicina contra el fanatismo. El sentido del humor es un gran remedio. Jamás he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor.”

Estos son fragmentos de Contra el fanatismo, del escritor israelí Amos Oz.

No hay mucho que agregar cuando alguien con esa claridad escribió todas estas líneas muchos años atrás. A la luz de lo ocurrido en Francia, con los brutales asesinatos de editores y caricaturistas del semanario satírico Charlie Hebdo, quizá sólo queda claro que ni siquiera el sentido del humor, del que habla el propio Oz, es remedio. El fanatismo está vigente y creciente, como manifestación de lo que es realmente la mala interpretación de la religión, como un modo de institucionalizar la superstición.

Tristes momentos los del mundo en el amanecer de un año más.

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5 comentarios sobre “Contra el fanatismo

  1. Hola, Javier.
    Todo exceso es malo. Tan malo es el fanatismo como su cómplice, la tolerancia. Sé que lo anterior suena a una fea paradoja, pero es verdad. Los franceses y los belgas, por poner sólo su ejemplo, han dado cobijo a una gran cantidad de migrantes africanos, muchos de ellos musulmanes. Al establecerse, los musulmanes han creado sus propias áreas en donde el estado de excepción vive gracias a un mal concepto de la tolerancia. Estas comunidades han vivido fuera de la ley desde hace décadas. Lo que ahora vemos es producto de este estado de excepción que ha sacado provecho de la tolerancia institucional que “deja hacer, deja pasar”… hasta que el vaso se desborda.
    Estos fanáticos tienen tan poco sentido del humor que, por eso mismo, matan sin remordimiento. Coincido con Oz en que debemos fomentar el sentido del humor, el cual considero que es la forma más excelsa de la autocrítica.
    Un abrazo.

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