Oda a Santa Fe


Santa Fe, esa siniestra zona al poniente de la Ciudad de México. Es nada más que el sueño húmedo de un eyaculador precoz. Un monumento a un Dubai sin petróleo. Un intento fallido de un Manhattan que transmigró en Brownsville. La Defense parisina que amaneció en chabola de concreto y cristal. Un adefesio atrapa-autos de calles y avenidas que van a todos y a ningún lado. Un dragón de pavimento agujereado. Una comparsa de especuladores. Una copia barata, malograda y cursi de asentamientos planificados de urbes primermundistas. Un engendro de copias de restaurantes, en versiones caras, de Polanco y San Angel. Una zona que no puede denominarse barrio, ni colonia, ni ciudad. Un centro comercial en cinco tiempos. Un esperpento carente de identidad para fanáticos de ciudades gringas del Bible Belt. Un hormiguero de conductores que llegan esperanzados el lunes en la mañana y salen derrotados el viernes por la tarde. Un cuadro sinóptico de la parte más oscura e infeliz de la Ciudad de la Esperanza, donde nada se planea, sino simplemente ocurre. Un espejismo. Una paja. Un ogro. Un basurero que reclama sus orígenes.

Un comentario sobre “Oda a Santa Fe

  1. Cuando un extranjero habla mal de México, automáticamente se verbaliza una frase: Si no te gusta este país, pues vete. Paradójicamente aplica lo mismo para una zona que no es peor o mejor que ninguna. Pero es parte de esta ciudad al igual que Tepito, La Condesa, La Del Valle, etc.
    Lo bueno de la libertad, es que puedes elegir donde ir o no ir.

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