Aquí no tenemos estaciones


A veces quisiera que las estaciones del año se presentaran en estas tierras. Que primavera, verano, otoño e invierno tuviesen algún significado. Pero aquí donde vivo, en el altiplano, entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, sólo hay dos variaciones climáticas en el año: la sequía y las lluvias. Aunque cada vez se extiende más la temporada de aguas, en realidad el clima es más o menos parejo en todas las temporadas: algo de calor en el día, algo de frío en las noches.

Para quienes viven al norte, estas líneas serán una blasfemia, porque dirán que no tengo idea de lo que es transitar por días de nieve que se extienden durante meses, con amaneceres discretos y atardeceder constantes. Que los del norte quieren emigrar a donde el clima no es motivo de conversación, más allá de las lluvias tropicales torrenciales que dominan el escenario supuestamente veraniego.

No es queja. Es bello abrir las puertas y las ventanas a sabiendas de que allá afuera el clima no es jamás hostil. Es mera confusión. Uno quisiera que llegara el otoño y coloreara de naranja las hojas de los árboles, justo antes de que lleguen los vientos fríos a tirarlas, presagio de días grises y lluviosos. Que después cayeran las primeras nevadas, sin que hubieran tantas personas tan mal abrigadas y mal alimentadas en estas latitudes fallidas. Y, después, coincidir en los brotes florales de la primavera, el único momento donde nos acompasamos, donde acá las jacarandas y las bugambilias dibujan de tantos tonos violetas el paisaje.

Quizá, en realidad, lo que quisiera es que en estas latitudes tropicales aprendiéramos a darle la batalla al clima, porque allá donde la nieve se impone durante esas largas temporadas coincide que hombres y mujeres han conseguido sociedades más justas e igualitarias, han construido democracias bajo el imperio de las leyes, han trabajado para edificar sus naciones bajo premisas de civilidad. Y acá, con este clima benigno, salimos muy dichosos a las calles, olvidados de tantos olvidados, alejados de instituciones confiables, sometidos a estados de impunidad y corrupción, tolerantes de injusticias vitalicias.

Aquí no tenemos estaciones. Ni frío, ni calor. Quizá por eso nos hemos vuelto ciudadanos tibios, transeúntes de la mediocridad.

8 comentarios sobre “Aquí no tenemos estaciones

  1. Me encanta tu alegoría de las estaciones, pero que no cunda el desconsuelo. Por otros parajes donde sí las disfrutan, no todos participan de ellas con el mismo gozo, especialmente aquellos que no podemos vivir en unas vacaciones perpetuas. Siempre nos quedarán las ‘Sonatas’ de Valle-Inclán, las ‘Cuatro estaciones’ de Vivaldi….o http://youtu.be/Q7RPCFfudmU

  2. Buena reflexión amigo, el clima benigno ¿condiciona a la gente? Lo cierto es que hay que tener mucha fuerza de voluntad, necesidad y/o responsabilidad para salir de casa en condiciones extremas…, pero eso es lo de menos, lo más importante es saber que siempre podemos mejorar nuestra vida y la de los demás, que tenemos un deber que cumplir y que algunos, lo hacéis de manera magistral con vuestra pluma. Un saludo.

  3. Mi altitud y latitud no difiere mucho de la suya y le puedo decir que tengo la fortuna de presenciar el cambio de las estaciones los cambios son cada día más borrosos, la lluvia ya es constante y el frío no se aleja; en cuanto a la impunidad, corrupción e injusticias, estoy totalmente de acuerdo, parecieran parte de la cotidianidad, de lo natural del día a día

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