Nuestras utopías


En su obra emblemática, Tomás Moro toma como modelo positivo un país inexistente. Como lo subraya Umberto Eco en su maravilloso libro Historia de las Tierras y los Lugares Legendarios, el anhelo de otras sociedades ideales había aparecido ya en La República y Las Leyes de Platón, “pero Moro fue el primero que describió este no lugar, la isla, sus ciudades y sus edificios”. Otros lugares utópicos se describirían tiempo después, por ejemplo, en La Ciudad del Sol, de Tomás Campanella (1602), o en la Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1627).
Imaginamos otros sitios porque no estamos satisfechos con lo que hemos creado. Nos resulta fundamental utilizar la fuerza creativa de la imaginación para darle forma a nuestros anhelos de sociedades ideales. Así, la literatura está llena de estos ejemplos: Jonathan Swift, Cyrano de Bergerac, James Harrington, Samuel Butler, William Morris y un largo etcétera. O bien, como añade Eco con su magistral erudición, “algunas veces la utopía adquiere forma de distopía, obra en la que se habla de sociedad negativas”: George Orwell, Karel Capek, Aldoux Huxley, Ray Bradbury, et al.
La relevancia de algunas de estas obras literarias se entiende fácilmente: nos han hecho creer que esos sitios imaginarios son reales. Queremos creer, en el caso de las utopías por supuesto, que esos lugares son reales. Necesitamos creerlo. Queremos siempre hacer realidad nuestras ilusiones. De ahí que nuestro imaginario colectivo le añada a las islas de la Utopía tantos otros sitios legendarios que hemos transformado en reales: tierras bíblicas y homéricas, El Dorado, Atlántida, Lemuria, Jauja, Shangri-La, Agartha. En fin, más recientemente hemos sumado las tierras de La Guerra de las Galaxias, de El Señor de los Anillos, de Harry Potter.
Insisto en este tema, del que ya he escrito, por obsesión personal. He llenado cuadernos con mapas de lugares imaginarios e incluso escribí una novelita titulada Las Llaves Sagradas de Kurustán a partir de un reino en el que habité durante mi infancia. Todo, al final, es un hermoso ejercicio de liberación.
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2 comentarios sobre “Nuestras utopías

  1. Queda por saber, en que medida un imaginario llega a completarse dentro de los seres, así dando paso a una fuente fructífera de la que emanan proyectos dignos, y que, más tarde, conformarán la parte tangible de nuestra realidad.
    Siempre me cabe cierta dislexia entre utopía y posibilidad, entre ensoñación y despertar y entre ficción y realidad. Sopeso la probabilidad que todo está dentro de un enorme registro esperando que lo tomemos.
    un abrazo y mi aprecio.

  2. ¡Hola de nuevo, Javier!
    Gracias por tu publicación. El tema de las utopías (y su contrario, las distopías) es fascinante. Me gustaría sólo agregar algo: el papel que las utopías han jugado para hacer más grandes las diferencias humanas y provocar así la discordia en vez de la concordia. Ha muerto mucha gente “gracias” a los planteamientos utópicos. Recordemos tan sólo lo que nos dejó el más reciente: el comunismo y sus secuelas.
    Un abrazo.

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