La guerra pacífica


Leo una columna de John Carlin en El País, publicada en abril pasado (antes de la gran fiebre mundialista de estos días).

Inicia así: “Si el fútbol no existiera habría, como Dios, que inventarlo. Solo que uno se pregunta a veces cuál de los dos es una fuerza más benigna para la humanidad. La rivalidad entre los dioses, o entre las diferentes nociones de cómo se debería alabarlos, ha generado bastante más odio y crueldad, por no hablar de masacres y guerras, que la del Madrid y el Barça, River y Boca, Galatasaray y Fenerbahçe. Incluso Celtic-Rangers…”

Esto lo traigo a cuento porque más de uno ha manifestado su desdén al futbol, inevitable tema de estos días, tirando palos de acusación de banalidad, frivolidad y distracción sobre otros temas más urgentes. Si bien es evidente que la fiesta mundialera no debe estar por encima de los temas importantes que apremian a tantos países, también hay que recordar que la historia de la humanidad se escribe también a partir de las grandes fiestas. Y, en este caso, con todas esas naciones compitiendo alrededor de una pelota, conviene recordar que el futbol es el modo más pacífico y entretenido que hemos encontrado los humanos de jugar a la guerra sin muertos que lamentar (excepción hecha de aquella guerra entre Honduras y El Salvador de 1969).

Las celebraciones son ritos que enaltecen lo humano.

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