Hipsterismo de mierda


No puedo más con los hipsters. Son una plaga irritante. Un club de pregoneros de dogmas. Y son, sin más, una bandita incongruente que rechaza una serie de preceptos de consumo masivo cuando, en realidad, son la epítome del hiperconsumo.

Me explico, mientras pierdo a dos de los tres lectores que me deben quedar: Si nos atenemos a una definición como la del Urban Dictionary, los hipsters son una “subcultura de hombres y mujeres típicamente entre los 20s y 30s que valoran el pensamiento independiente, la contracultura, la política progresista, la apreciación del arte, el indie-rock, la creatividad y la inteligencia”, y supuestamente habitan “barrios alternativos” de grandes concentraciones urbanas como Nueva York, Chicago, Seattle y San Francisco, en Estados Unidos. Por supuesto, en el caso mexicano, inundan la Roma, la Cuauhtémoc y la Juárez en el Distrito Federal.

Estoy de acuerdo con la definición. Pero el problema de los hipsters es el hipsterismo, es decir, ese estado mental que rechaza todas las manifestaciones mainstream de consumo y que, como exige el sentido de pertenencia a la tribu, se transforma en uniformes bien pensaditos y, al final, uniformidad de pensamiento. Es decir, la actitud hipsteriana es un contrasentido del propio significado de los hipsters.

Contra lo que predican y su afanosa necesidad de enarbolar la bandera de lo “hip” y de lo “cool”, estos muchachitos terminan por volver todo genérico. Aunque huyen despavoridos de cualquier cosa que tiende a volverse genérica y popular, en realidad no se dan cuenta de que son ellos mismos quienes atentan contra el “factor cool” de las cosas. No son trendsetters, contra lo que piensan, sino meros seguidores de los propagandistas de tendencias cuidadosamente confeccionadas para que el mercado de consumo mantenga su dinámica.

No nos equivoquemos: estos personajes operan como secta. Un ejemplo pertinente: su rechazo a los hoteles y resorts todo incluidos ha desembocado en la uniformidad del exageradamente manoseado concepto boutique de los hoteles. Cualquier cosa es hoy un hotel boutique para atender la demanda de los hipsters. Otro ejemplo: al subirse a la ola de la “modernidad” de la “conciencia alimentaria”, de inmediato provocan desequilibrios en las leyes de la oferta y la demanda, como es evidente en casos como la quinoa, el kale y el agua de coco, estandartes de una visión reduccionista de un supuesto consumo de productos saludables. Son los grandes pregoneros de la comida hipocalórica-orgánica-gluten free que ya se volvió un cuento repetitivo. Digo, ¿qué carajos es un “pollo orgánico”? ¿De veras? Tercer ejemplo: poner de moda todos estos sitios que deliberada y artesanalmente tienen ese look tiradito. No son lugares sucios y tirados, que quede claro. Son lugares que se hacen sucios y tirados con deliberación, en búsqueda del factor hip-cool-progre que estas tribus hacen suyo.

El hipsterismo, pues, no es contracultura. Es la nueva fórmula genérica. Tristemente, los hipsters, contra lo que pretenden, son los grandes ladrones de la legitimidad, del mismo modo en que Facebook le hurtó todo valor de autenticidad a las felicitaciones de cumpleaños.

(Bajo seudónimo Atouk, Esquire México, junio 2014)

20 comentarios sobre “Hipsterismo de mierda

  1. ¡Hola, Javier!
    Me sacaste más de una risa, aunque sé que no era el objetivo de tu artículo.
    Me explico. Estoy de acuerdo contigo, creo que uno de los “movimientos” más epidérmicos de la historia de la humanidad es éste. Al tratar de ser profundos se quedan en la forma y pierden el objetivo del fondo.
    Ahora, todo movimiento rebelde se convierte en lo que ataca, Albert Camus también nos lo advirtió. Y en verdad eso de ser hipster es sólo una mala moda que pasará más rápido que tarde, ya verás.
    Me gustó mucho tu publicación por lo franca y, de veras, no lo tomes a mal, tiene buen sentido del humor.
    Seguro perdiste a dos o tres lectores, pero ganaste uno y seguramente a varios más.
    ¡Saludos!

  2. Yo apuntaría además que los hipsters es una de las manifestaciones más contundentes del narcisismo como estándar social. Todas las corrientes buscan ser diferenciadas de lo que prevalece como estándar social, pero el hipster lleva esto un paso más allá y pretende que lo único que importa es lo que a él/ella le interesa: “YO he escuchado esta banda que seguramente TÚ desconoces / YO frecuento este ‘absinthe house’ que seguramente TÚ eres incapaz de apreciar / YO era fan de tal autor-cineasta-chef antes de que TÚ lo recomendases”, y así, ad nauseam. Quizá por eso es tan fácil volvernos contra los hipsters, pues en su aislacionismo se vuelven un blanco cómodo, hasta cierto punto. Despreciar a un gran núcleo social nos hace intolerantes, pero volver ese desprecio hacia el individuo vulnera tan sólo al individuo… pues por elección no quiere ser “parte” de algo más grande que sí mismo.

    ¡Saludos!

    1. Estimado Toño, plena coincidencia. Me gusta la aseveración de los hipsters como una de las manifestaciones más contundentes del narcisismo como estándar social. El post-hipsterismo tendrá un amanecer cruel.

  3. Pero es más que obvio. De lo que describes mucho es cierto, pero para que hacer berrinche. Lo mismo decían de los rocanroleros, hippies, emos, etc. Son modas y los adolescentes/jóvenes tienen que identificarse con algo. Estas modas que los jóvenes adoptan siempre tienen el efecto de sorprender y espantar a los adultos que creen que su moral, valores, gustos, y preferencias se ven amenazadas ante tanta la muy diferente manera de ver las cosas. Ahora, que desequilibren la dinámica de la oferta y la demanda, es atribuirle mucho.
    Por ejemplo, desequilibrio en el ecosistema, nuestra demanda, como sociedad, de tanta carne, hipsters o no. Nuestra demanda por ropa barata. Nuestra demanda y excesivo uso de recursos naturales.
    Cada país vive el hipsterismo de manera distinta, yo lo tengo muy presente con amigos cercanos aquí en Chicago, no es malo y ni bueno. Es pasajero y parte de la cultura pop. Ellos se creen diferentes y postmodernos. Lo mismo pensaban los rocanroleros, hippies, emos, y los de la generación X como yo.

    1. Je, no es berrinche. Es un apunte sobre cómo este clan no es lo que dice ser. No es a la tribu urbana, sino a la actitud. No me parece un movimiento con la legitimidad de los hippies. Ni siquiera de los emos.
      Saludos

  4. Lo suscribo plenamente, querido Javier…. yo los detesto. Lo único que celebro de su existencia es que se acaben toda la bazofia que consumen (la quinoa, el kale y otras hierbas). Abrazo fuerte.

  5. El hombre por naturaleza es contradictorio pero los métodos propagandísticos están siendo bien su trabajo. El “hipsterismo” es un mercado, hay dinero y sobre todo gente con ganas de sentirse “original” . Así es de borrega la humanidad

    Saludos!!!

  6. Siempre ha habido intentos desesperados de escapar del mainstream, de distinguirse, de sentirse únicos y por lo tanto interesantes, siempre como una alternativa para no perderse entre la mancha urbana. Hay unos que se lo creen de verdad, y puedo decir que conozco unos cuantos que son auténticos “hipsters” hasta que descubro que rechazan por sistema a todo lo que venga de Hollywood, Coehlo o LadyGaga, y se comen un “Sneaker” detrás de la puerta. Debe ser agotador. Te dejo, que voy a ver “X-Men” y se me hace tarde…

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