De Gabo y otros demonios


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Murió un Jueves Santo. Resucitó el lunes siguiente en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Volvió a resucitar el martes después en la Catedral de Bogotá.

Hoy, aquí estamos, intentando explicarnos al personaje que con su muerte conquistó las primeras planas de todos los diarios del mundo y reventó las redes sociales. Fueron, implacables, diáfanas y contundentes, las noticias: el sumo sacerdote del realismo mágico de la literatura latinoamericana decidió morir un Jueves Santo, el mismo día (las ironías nunca son coincidencias) que Úrsula Iguarán, matrona de los Buendía y protagonista de su obra icónica Cien años de soledad. Así lo narró: “Amaneció muerta un Jueves Santo. La última vez que le habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, la había calculado entre los ciento quince y ciento veinte años”.

Entre las marejadas de tinta que han tocado tierra en estos días, en SoHo México queremos aferrarnos a lo que escribió, con la elegancia y elocuencia que lo caracteriza el italiano Alessandro Baricco en El País: “Aprendí de él que escribir es una cuestión de generosidad, un gesto sin vergüenza, una acción imprudente y un reflejo desproporcionado: si no es así, lo que estás haciendo, como mucho, es literatura. Descubrí, leyéndole, que los sentimientos pueden ser repentinos, las pasiones devastadoras, las mujeres infinitas; que los olores no son enemigos, las ilusiones no son errores, y el tiempo, si existe, no es lineal”.

Sus exequias no podían ser de otro modo, tratándose de García Márquez. El general de las letras latinoamericanas que había vencido al laberinto y que deja tras sí un mundo que lo sobrevive. La muerte no lo tomó por sorpresa, venía padeciendo años de enfermedad, pero de cualquier modo nos dejó al inicio de un siglo en que la soledad parece prevalecer. Felizmente para quienes aquí vivimos, el colombiano decidió cambiar la hojarasca de una geografía por las jacarandas violetas de otra, de ésta que lo despide como a uno de los suyos, de los nuestros. Nosotros, al igual que las putas sobre las que escribió, quedamos tristes con su partida, pero agradecidos por su generosidad inusitada, porque sus aventuras fueron nada clandestinas al transformarlas en letras, porque sus relatos jamás fueron naufragios, sino rescates. A final de cuentas, esta es una mala hora, pero es tanto lo que nos deja, que debería ser enhorabuena.

Para una publicación que tiene como misión reivindicar el género de la crónica periodística, Gabo, escritor y periodista, fue, es y será un pozo sagrado de inspiración, anécdotas y alegrías.

Desde aquí, en la orilla de Macondo, brindamos por él.

(Carta Editorial publicada en SoHo México, mayo 2014)

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2 comentarios sobre “De Gabo y otros demonios

  1. Hola, Javier.
    Quiero referirme al sentimiento de soledad que mencionas en tu artículo. El sentimiento de orfandad en el que muchos nos encontramos.
    Grandes escritores se nos han ido en fechas más o menos recientes: Juan Gelman, Carlos Fuentes, José Saramago, Carlos Monsiváis y ahora Gabriel García Márquez. Anteriormente ya habíamos perdido a (y aquí me voy a referir a escritores entrañables míos y de muchos que hace tiempo nos dejaron, pero que de alguna forma se conectan con la vida de los que recién han muerto): Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz, inclusive el ya olvidado Roberto Bolaño, sólo por mencionar algunos. Al irse, todos ellos nos dejan su obra, pero se llevan la esperanza de su existencia, de nueva obra suya. También se llevan al siglo XX con ellos. No el siglo XX convulso, sino el de las vanguardias, el que construye, el que inventa.
    Infortunadamente tengo la sensación que nadie los suple, que nadie se queda, que nadie los compensa. Los autores que se quedan no parecen tener la estatura que ellos tuvieron. Es aquí en donde me topo con ese sentimiento de orfandad al que me refiero.
    Espero, en verdad, que me equivoque y que lo que aquí se expresa es mi ignorancia: la ignorancia de no conocer a los escritores de la actualidad que suplirán con brillo a todos estos que se nos han ido.
    ¡Un abrazo y mil gracias por compartir!

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