El amor y sus agonías


Hay novelas que se cocinaron a fuego lento para ser consumidas de la misma manera. No permiten lecturas rápidas. Se escribieron con las mismas pausas con las que deben leerse. Así ocurre con Un acto de amor, de Howard Jacobson (regalo añejo de Danioska, la autora de palabrasaflordepiel.com, a quien no se lo dejo de agradecer).

Lo narra Felix Quinn, el protagonista infeliz que se autodefine como un hombre feliz, un hombre que se transforma en masoquista reflexivo y, a través de la infidelidad de Marisa, su mujer, nos abre la ventana para manifestar implícitamente que, en realidad, todos los hombres desean secretamente que sus mujeres les sean infieles.

De Felix Quinn, el hombre que no traza ninguna distinción entre la vida y la literatura, entrañable y exasperante, ridículo y sabio, impertinente y juicioso, se cultivan frases memorables, brutales y humanas, demasiado humanas. Aquí unas muestras, como convocatoria a buscar esta novela y comérsela, de a poquito, como yo lo he hecho:

“El amor: ese es el único asunto sobre el que me ha interesado leer. El amor y sus agonías.”

“Nunca se sabe lo que acecha inmóvil en el corazón de una persona. Según los autores isabelinos, la Fortuna es una puta. Lo cual debe tomarse con ciertas reservas, porque ellos veían putas por todas partes. Les chiflaba la música ronca y vulgar de esa palabra y se emborrachaban con el desencanto frente a las mujeres…”

“Ningún hombre ha amado a un mujer sin imaginársela en los brazos de otro. Ningún marido es feliz -verdadera, genitalmente feliz- hasta que no tiene pruebas positivas de que otro hombre se la está follando”.

“Lo que ves con el ojo perturbado de tu mente puede no ser del agrado de tu corazón. ¿Para qué sirve la imaginación sino para atraer al corazón con sus señuelos?”

“A mí solo las mujeres con principios me han excitado de verdad”.

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2 comentarios sobre “El amor y sus agonías

  1. Creo que debo volver a leerla más despacio, pues quizás es como dices una novela cocinada a fuego lento, y lo que poco a poco se cocina no se traga de un bocado, el resultado puede ser una confusión de sabores que diluyen el valor del plato.
    Admito que el personaje me descolocó un tanto: tengo aquello quiero pero no quiero lo que he conseguido a pesar de ser lo que hubiese deseado…
    Por suerte siempre hay alguien que nos advierte del salto de página que hemos obviado.
    No sé si influye el haberla leído en versión original, aunque de entrada no hay razón.
    Repito, seguro la devoré sin degustar como debía y tu reseña me obliga a retomarla.
    Saludos.

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