La luz que persiste


Cuando el caos y la oscuridad insisten en transitar con recurrencia, yo acudo con rescatistas implacables: Haendel, Bach, Telemann, Albinoni, Scarlatti…

La música barroca alivia. Con esa sutileza melódica y repetición mántrica de notas, el trabajo de estos músicos maravillosos supone un pacto de paz y un oasis de serenidad en medio de tantas emociones aflctivas (propias y ajenas), del escandaloso bullicio mundano y de las impredecibles apariciones del desconcierto y la desazón.

Cuando era muy joven y leía y releía con despiadada insistencia Las penas del joven Werther, de Goethe, el mejor antídoto ante la imposibilidad del amor de Carlota fue la Watermusik de Haendel. Me apoderé de ese disco, secuestrado de la nutrida discoteca de LPs 33 de mi padre, y a través de él entraba en una especie de trance escuchando las suites completas de esa obra sublime del músico alemán.

Visto a distancia, fueron los primeros momentos de iluminación en mi vida. La Música de Agua fue, y sigue siendo, un ejercicio de gozo genuino. Sin importar mi estado de ánimo, Haendel siempre ha tenido la virtud de enriquecer el sentido de mi vida. Por eso estas líneas, porque no me cansaré de rendirle tributo. Es una de esas luces que persisten.

4 comentarios sobre “La luz que persiste

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s