Las metáforas que hemos olvidado


Nietzsche decía que “las palabras son metáforas que hemos olvidado que lo eran”.

Le tomo prestada la referencia al filósofo español Xavier Rubert de Ventós, quien durante distintos momentos se ha dedicado, con generosa puntería, a embriagarme de conceptos llenos de claridad, escritos con impecable precisión. En su Filosofía de Andar por Casa, Ventós recorre vertiginosamente varios compartimentos de conocimiento, con referencias actuales y paráfrasis de autores entrañables, como Alessandro Baricco, quien ha dicho que la ley del más fuerte ya no es garantía para nadie, ni siquiera para el más fuerte. Esto, en referencia a que la “idealizada identidad de un colectivo se alimenta de la agresión de la que es objeto”. Modo contundente de explicar el “lírico y pudoroso patriotismo americano”.

Habla lo mismo de pudores que de verdugos, de publicidad, teología y caridad, de tecnología vs demografia, de sangre y semen (que juntos resuelven), de libros y cerdos, de la filosofía entre dandis y mayordomos, de la teoría del desconocimiento… En fin. Es filosofía de la cotidianidad. De esa esclavitud cotidiana en la que nos hemos sumergido sin siquiera cuestionarla. “Los dioeses castigan tanto a Prometeo como a Adán por curiosear más de la cuenta por su pretensión de romper el monopolio divino del conocimiento y repartirlo entre los mortales. Para nuestros teóricos de internet, la Red sería hoy su reencarnación: el nuevo héroe que rompe el monopolio institucional de la información para distribuirlo entre los usuarios de Google”.

Pero apenas nos enuncia lo anterior, el filósofo español advierte que no nos precipitemos, que siempre es mejor demorarnos por un momento en las palabras mismas y su aura. De ahí la referencia a Nietzsche con la que he comenzado yo mismo estas líneas. Sí, porque como explica Ventós, “si dejamos que las palabras repercutan en nosotros, que nos golpeen con toda la carga de su origen, pronto descubrimos que la palabra red evoca un universo de asociaciones distinto”, opuesto incluso al conepto de libertad y democracia con el que pretende vincular. De pronto, así, la palabra red ya no difunde, sino retiene.

Esto viene muy bien a cuento si pensamos que 2013 fue marcado por Snowden, el espía fugitivo, quien nos ha dejado clarísimo que internet no fue creado propiamente para asegurar el acceso pleno al conocimiento, de modo libre y democrático, sino que lo que subyace detrás es un red, como la que señala Ventós, que nos atrapa, que nos vuelve objetivos de mercado. “Ciegos, mudos, colapsados: así es, en efecto, como puede dejarnos una eufórica utilización de la Red que olvide su parentesco lógico y etimológico con la red del pescador”.

 

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