Las pequeñas noches


A veces ocurre que uno colapsa, así sin más, en un día cualquiera. Sin razón aparente, se apagan las luces y transitan los fantasmas que hemos creado, cual cuerpos inertes, que desfilan por la penumbra a plena luz del día.

La culpa no es del lunes, ese día que para tantos parece una suerte de condena periódica. Ni de la resaca del agotamiento físico. Ni de esas tenues depresiones que nos alcanzan después de convertir un paraíso en estancia pasajera.

Es sólo que somos incurablemente toboganes emocionales, picos y valles, luces y sombras. Y así, de pronto, sin mayor razón, de pronto las pequeñas noches se cuelan en los días y nos azotan sin piedad.

Y así, también, sin mayor explicación, la claridad vuelve, para recordarnos que las travesías por las tinieblas son sólo llaves de paso para expulsar temores y zozobras. Que siempre volveremos, porque lo único definitivo, que no acepta devoluciones, es la muerte.

3 comentarios sobre “Las pequeñas noches

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s