Breve elogio al silencio


Hay demasiado ruido.

Todos nuestros contextos urbanos privilegian el ruido. Los días se agotan con el bullicio permanente.

Todo es ruido: el timbre del teléfono, el rugido de los autos, los monólogos estruendosos, las reparaciones callejeras, las sirenas de las ambulancias, los ladridos de los perros, los lloriqueos de los niños y nuestra propia voz, que ordena, humilla, asume, gobierna, discute, vacila, trastorna.

Por eso me gusta la noche. Cuando se puede escuchar al viento y a los grillos. Cuando todo ese estruendo exterior cede ante la voz interna, la que canta en silencio.

Imagino el paraíso como ese sitio donde los días han sido doblegados por el silencio de las noches.

6 comentarios sobre “Breve elogio al silencio

  1. “Entonces un grillo empezó a cantar bellísimo, como si fuera la presencia de la Presencia, en algún lugar de la sala. Son unos grillos oscuros, nocturnos, feos, con algo de cucaracha y voz muy poderosa que a no todos gusta. Y mi gran soledad se llenó de pronto con el universo entero”, Tomás González, La luz difícil

  2. —“Los grillos también respetan el silencio. Sus cantos son como cuidadosas puntadas en su tela, casi demasiado pequeñas para ser vistas”, Patrick Rothfuss, El nombre del viento.

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