Femme fatales con sabor tropical


Here she comes, you better watch your step
She’s going to break your heart in two, it’s true
It’s not hard to realize
Just look into her false colored eyes
She builds you up to just put you down, what a clown

The Velvet Underground and Nico (Femme fatale)

Basta de hipocresía, señoras y señoritas. Nada más agotador, por aburrimiento, que esa vocación descolorida de disfrazarse de niñas de colegio legionario tan acentuada en el altiplano mexicano. Como que ya se nos va pasando de tueste esta moda tiesa, de actitudes demasiado exquisitas, con esos tufos puritanos anacrónicos (¿de veras sigue existiendo el estigma de qué dirán por ahí?), justo en un país que se inventó ese bello término de “soltarse el chongo”. Por el amor de Dios, o mejor aún, por el que puede esperarse de nosotros, léanse Cosmopolitan más temprano en sus vidas, cuelguen los hábitos, encojan las faldas, resalten los ojos y salgan al mundo con afanes de conquista.

            Queremos más femme fatales. Sí. De esas que nos provocan atracción y miedo simultáneamente. Que disfrutan ponerle imanes a las miradas (las nuestras y, sobre todo, las de sus congéneres). Que enarbolan tal nivel de autoconfianza que gozan la odisea del dominio, pasajero o duradero. Que sonríen con autoridad e irreverencia. Que participan, con sus propias reglas, en el juego inteligente de la seducción. Que se apoderan del concepto alegre celiacruzeano de que la vida es un carnaval.

            Cito a Erika Bornay, escritora y profesora de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, quien en un extraordinario artículo habla del mito de la femme fatale y nos remite al personaje de Lulú, a quien Frank Wedekind dio vida en los años finiseculares del siglo XIX: “Esta figura, destructiva y fascinante, tuvo durante una época tal protagonismo en el imaginario erótico masculino, y fue tan divulgada que incluso el término llegó a aparecer en varios diccionarios, como el Unabridge Oxford English Dictionary, quien recogía esta definición en su forma francesa, es decir, femme fatale”. Y hay que ubicarnos, naturalmente, en la alarma social que produjo la aparición de los movimientos feministas, cuyos inicios, particularmente en Inglaterra, y como bien nos recuerda la propia Bornay, se remontan a los años 50 del siglo XIX: “Las peticiones de las mujeres y su lucha para conseguir sólo un pequeño margen de igualdad, alteró el espíritu de la puritana sociedad inglesa, que iba a asociar estas demandas y protestas con un tipo de fémina considerada por la mayoría poco ‘honorable’”.

            Aunque la acepción original de la mujer fatal remitía a ese “algo o alguien que trae la desgracia e incluso la muerte”, para efectos de licencia regional aquí acuñamos el término con su sufijo tropical. Es decir, con excepción puntual de figuras perversas y dañinas como pudiera ser la célebre Reina del Sur, apelamos al trópico para resaltar el carácter inocuo de nuestras mujeres: aunque quizá nos romperán el corazón, no nos enviarán al panteón.

            Propongo, pues, que el concepto de “colombianización” de México no tenga como referencia el crecimiento de la violencia organizada a partir del narcotráfico, sino que remita al candor femenino, tan presente en esa coquetería tan natural y espontánea de las mujeres del país hermano. Las calles de Medellín son el epicentro de toda nuestra referencia a la femme fatale con sabor tropical. Dejémonos ya de atavismos, circunvalaciones y tantas caravanas. Salpimentemos nuestra cotidianidad con sentido del humor, conquista intelectual, conversación apasionada, hedonismo compartido y complicidad. A soltarse el chongo, pues, que venimos del mismo sitio y terminaremos en igual lugar.

            Repudio total a la mujer puritana del altiplano. Carpe diem.

(Publicado en Esquire México, mayo 2013, bajo el seudónimo de Atouk)

6 comentarios sobre “Femme fatales con sabor tropical

  1. Reblogueó esto en palabrasaflordepiely comentado:
    Es curioso: temprano esta mañana subí un poema de Flóbert Zapata sobre una joven colombiana que-no-se-entera de las pasiones que despierta. Ahora encuentro este post sobre cuánto podemos aprender de los aires tropicales de esa tierra, anidada en la sensualidad de sus mujeres. No puedo más que rebloguearlo.

  2. Javi… no repudies a nadie. deja que las puritanas sean lo que quieran ser.
    A mi me parece tambien muy linda la parte suave, dulce, elegante y femenina de las mujeres
    🙂
    Que agresivo un mundo lleno de “femme fatales”

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