La historia de la cabeza de Ganesha


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Lord Ganesha, el dios con cabeza de elefante, combina lo mejor del animal y del hombre, es el satisfactor de deseos terrenales y santo patrono de escritores y ladrones, demonio benévolo que crea y remueve obstáculos: omnisciente, omnipotente, omnívoro, omnipresente e infinito, que nació de las células de la piel de su madre, Parvati.

En el maravilloso libro Ganesha Goes to Lunch, la poetisa y dramaturga india Kamla K. Kapur, hace un minucioso recuento de varios relatos clásicos de la India mística. En uno de ellos, How Ganesha got his Elephant Head, y que comparto aquí traducido y resumido por mí mismo, narra que el matrimonio entre Shiva y Parmati entré en un estado de alternancia de bendiciones y turbulencias, ambos generados por su intensa sexualidad. Por gajes de las reencarnaciones, Parvati tenía mayor masa física y por tanto gravitaba más hacia lo concreto: materia, posesiones, casa, comida, placeres sensuales y comodidades. Al contrario, Shiva tenía hacia principios abstractos e ideas. Parvati era el cuerpo y Shiva la mente.

Así las cosas, en su pasión por investigar la conciencia, Shiva había trascendido ya los imperativos biológicos, mientras que Parvati quería saciar sus urgencia procreativas. Sus naturalezas opuestas hicieron de su unión un regreso sagrado hacia el estado de belleza original y unidad. Pero, irónicamente, sus actos sexuales, tan sumergidos en el éxtasis, se debían al control de la eyaculación de Shiva. El quería mantener consigo sus semillas para ensanchar sus poderes espirituales, mientras que Parvati quería concebir un bebé.

– ¿Por qué quieres traer otro ser a este mundo destinado a la muerte, destrucción y decadencia – preguntaba Shiva repetidamente.

– No, mi señor. Está destinado a la vida, creación y gozo. Nuestro deber es perpetuar la conciencia – respondía Parvati.

Estos diálogos, muy largos (aquí solo incluimos un mínimo extracto), se repitieron una y otra vez durantes miles de años. Pero Parvati, quien ya veía descender su fertilidad, estaba al final de su paciencia. Al ver que fallaba con diálogo, dulzura, enojo y rabia, trató de convencerlo con poesía, canciones y un repertorio enorme de encantos femeninos. Pero Shiva permanecía inmóvil como una roca.

Un día, mientras terminaba su baño y se frotaba con aceites, Parvati tuvo una idea: no necesitaba a Shiva para reproducirse. Pensó que bastaba con las células de su propia piel para poder engendrar un nuevo ser. Así, tras sumergirse en un largo ritual que incluía mantras de deseo y la mezcla del aliento del propio Shiva (antes de alejarse de él) con las membranas de su piel, hasta que consiguió fertilizar las células.

Ganesha, el hijo del deseo cósmico de Parvati, que concentraba en sí las mejores energías del universo, era un niño hermoso que pasaba el tiempo tocando el tambor, bailando, cantando y comiendo todos los manjares que su madre le hacía. Pero sin el modelo de un rol masculino, Kapur relata que Ganesha creció arrogante, vanidoso y echado a perder.

Al pasar el tiempo, y sobre todo a la hora de sus largos baños, Parvati extrañaba más cada día a Shiva. De tanto invocarlo, Shiva se apareció un día. Quien le abrió la puerta fue Ganesha. Luego de que ambos se presentaran a sí mismas, Shiva tuvo un ataque de ira al imaginar a Parvati con otro hombre, de quien habría gestado a ese hermoso joven que le había abierto la puerta. Sin más, nublado de rabia, decapitó a Ganesha.

Parvati apareció y, al mirar la escena, gritó:

– ¡Él es nuestro hijo! ¡El aliento con el que fue fertilizado era el tuyo!

Shiva, presa del remordimiento, buscó con ansiedad una cabeza con la que pudiera reemplazar la de su hijo. Recorrió el bosque, en donde se le apareció Gajasura, el demonio elefante, pero quien era devoto del propio Shiva.

– Señor -le dijo-, he esperado toda mi vida este momento. Déjeme comérmelo, para que así usted sea parte de mí para siempre.

Shiva se lo concedió y, sin más, Gajasura lo devoró de un bocado. En ese momento, el cielo tembló. Vishnu y Brahma supieron de inmediato lo que había acontecido. De inmediato, aparecieron como músicos junto a Gajasura, quien celebraba su banquete. Fue tal la música que le tocaron, que Gajasura les dijo que estaba dispuesto a concederles un deseo. Y ellos solicitaron que devolviera a Shiva.

– Está bien, porque aunque así sea, en realidad ustedes no me lo podrán quitar nunca, porque ya es parte de mí.

Regurgitó. Al ver a Shiva aparecer, le dijo que tomara su cabeza. Con ayuda de Brahma y de Vishnu, cortó la cabeza a Gajasura, en medio de cánticos. Enseguida, apareció en la casa de Parvati y, con la ayuda de los dioses, transplantó la cabeza de elefante al cuerpo de su hijo. Mientras Parvati creía que la cabeza era demasiado grande, Shiva miró a su hijo con orgullo y gozo. Brahma tocó sus tambores, Vishnu cantó y Shiva empezó a bailar. Su hijo, resucitado, se levantó a bailar con él. En ese momento, Parvati ya no tuvo más dudas y vio en la proporción de la cabeza de Ganesha el significado verdadero: ahí tenía contenido al mundo entero.

 

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