La culpa será de los chinos


Intento construir una primera idea para que me iluminen los dioses de la sensatez, justo cuando mi pareja, a quien le gusta celebrar todo tipo de fiestas y rituales religiosos y paganos, de este y otros países, me interrumpe para leerme el horóscopo chino, en el tenor evidente del inicio del año nuevo del lejano país de oriente.

            Soy caballo de fuego, he de decir. Si bien no comprendo bien qué significa para un acuariano de ascendente acuariano la suma del equino junto con el elemento natural, la lectura comienza con una descripción tan cabal de los rasgos más notables de mi carácter, que pienso que, lejos de estarlo leyendo, me está recitando esos claroscuros que cargo conmigo y que parecen más adheridos a mi ADN que las rémoras a los tiburones: “Muy animados, los caballos prosperan cuando son el centro de atención. Siempre en busca de un momento, los caballos mantienen felices a las multitudes con su humor y su ingenio. Son tal vez demasiado centrados en sí mismos y hacen berrinches cuando las situaciones no salen como lo esperan…” Lo divertido llega cuando, tras vaticinarme un año exitoso, divertido y saludable, el horóscopo advierte que en materias de relación el 2013 tendrá sus intensidades, con altibajos y un insoportable clima de conflicto. Y subraya: “Tendrás muchas tentaciones y propuestas de muchas terceras personas”.

            Mierda.

            Si bien creo tanto en el horóscopo chino como en la santería cubana o en la vocación ecuménica de Marcial Maciel, eso de las tentaciones me supera. Digo, la amenaza china es puntual, tanto o más que la del Dragon Mart y su colonia de 2500 chinos en Puerto Morelos, Quintana Roo. Porque además, para complicar aún más la ecuación, mi pareja lee su propia parte, donde ocurre que, igualmente, el tema del amor le será complejo (¿o abundante?), aunque ella dará rienda suelta a posibles seducciones que le harán vivir un tórrido romance, donde nada apunta a que quien esto escribe sea el protagonista del adjetivo ni del sustantivo enunciados. Un vaticinio peligroso, que hace recordar la larga lista de profecías que han azotado a la humanidad desde el inicio de los tiempos. Aquí, por fortuna, es donde llega la esperanza, porque la lista de aciertos de las decenas de profetas (o, par ser justos, de quienes los interpretan, porque a fin de cuentas las profecías suelen ser jeroglíficos incomprensibles) es bastante baja. Digo, pasamos sin pena ni gloria el 21 de diciembre del 2012, por ejemplo. Y no conozco documento que haya previsto la renuncia de Benedicto XVI, mientras que ni los científicos, tan absortos en el paso del asteroide, previeron la caída de un meteorito en Rusia.

            Lo que sí sé es que mi vida de pareja está llena de colorido, albergada en un cénit desde donde se alcanza a ver la vida con muchas más sonrisas que sinsabores, por lo que el vaticinio de un año turbulento en los menesteres amorosos no parece encontrar ningún sustento. De todos modos, a modo de curarme en salud, dedico estas líneas a documentar que si en estos meses venideros estallo en una crisis de pareja, atrapado entre amoríos pasajeros, al tiempo que mi mujer inicia algún intensísimo affaire con algún afortunado, que quede claro que todo habrá sido culpa de los chinos.

 (Publicado en Esquire México, marzo 2013, bajo el seudónimo de Atouk en la columna Homo Sapiens)

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