Elba en su laberinto


Era previsible. La gran maquinaria de la mercadotecnia política entra en marcha: Elba Esther Gordillo, la lideresa incómoda, quiso hacer su propia jugada de naipes cuando EPN era ya candidato priísta a la presidencia de México. Sabidas eran sus cuentas abultadas, sus excesos y excentricidades, al mejor estilo de los dinosaurios que se perpetúan al frente de los poderosos sindicatos. Para agregarle colorido, en su detención el procurador Murillo habla de sus pagos ridículos en Neiman Marcus.

Cierto. Es inevitable pensar en el ya llamado elbazo como sustituto del quinazo. Es tradición que obliga, en el mejor estilo priísta de gobernar: quien no ejerce el poder, lo pierde. Se podrán cuestionar tantas cuestiones alrededor de la aplicación de la justicia en México, pero en este caso, circo de tres pistas, el clamor generalizado es de aplausos: sí, que la refundan donde la señora debe estar. Bastante daño le ha hecho ya a varias generaciones de mexicanos.

Pero no olvidemos el tema de fondo: Elba Esther no es la causa del deterioro educativo mexicano ni de las corruptelas sistemáticas. Es un efecto lacerante de las grietas de nuestro sistema político. Pero, vamos, gocemos un rato con la idea de que la lideresa del SNTE ya está detrás de las rejas. La imagen es suficientemente reconfortante y nos abre el apetito de la ilusión justiciera.

(no incluimos fotos de la mal llamada maestra por respeto a quienes por aquí transitan)

2 comentarios sobre “Elba en su laberinto

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