Pedantes en la cocina


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Nadie ha entendido mejor que Julian Barnes el exquisito y pedantísimo mundo de la cocina. De ahí que, hace ya algunos añitos, el monumental escritor británico haya publicado una pequeña joya épica titulada A pedant in the kitchen (mal traducida al español como Un perfeccionista en la cocina), donde a través de varias historias teje una obsesión culinaria que tiene como epicentro el detalle, junto con la osadía de preguntar todas esas cosas que parecen tan básicas que otros nos sentimos idiotas de tan solo pensarlas, como el ¿qué demonios es una pizca de sal?
Fiel a su estilo, el autor de El Loro de Flaubert y La Vuelta al Mundo en Diez Capítulos y Medio nos entrega cucharadas rebosantes de buen humor, tan escaso en estos días (sobre todo en la cocina) y nos abre el apetito por participar en su laberinto de precisión gastronómica. Como él mismo lo escribe: “The Pedant’s ambition is simple. He wants to cook tasty, nutritious food; he wants not to poison his friends; and he wants to expand, slowly and with pleasure, his culinary repertoire. A stern critic of himself and others, he knows he is never going to invent his own recipes (although he might, in a burst of enthusiasm, occasionally increase the quantity of a favourite ingredient). Rather, he is a recipe-bound follower of the instructions of others.”
Así, pues, esta pedantería virtual, que tiene que ver con la exploración de los detalles, se aleja un poco de la pedantería real de los chefs decimonónicos, esos que ya tienen como batalla central la de rendir tributo constante a su nombre. Si acaso, uno se cuestiona un poco al final en qué momento ocurrió que este gran escritor, a contrasentido de su ADN inglés, se aventurara a compartir su filiación culinaria, porque en lo que todos podemos estar de acuerdo es que los británicos apenas recientemente han descubierto que uno puede hacer algo más con los alimentos que arrojarlos a una olla a hervir con agua.
Como todo lo que escribe Barnes, A Pedant in the Kitchen es memorable. Por eso estas breves líneas de tributo, en complicidad con la obsesión personal recargada en el pecado de la gula.

Un comentario sobre “Pedantes en la cocina

  1. En efecto, ¿qué demonios es una pizca de sal? Si nos tuviéramos que guiar por algunas de las preparaciones de los cocineros de la tele, pareciera que una pizca es equivalente a un puño. Pero bueno, en salazones se rompen géneros…

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