Connecticut


Como pólvora inundó la noticia el mundo de las redes sociales. Una más. Otra vez niños. Muchos y muy pequeños. Y otra vez la galería de lamentos, los comentarios sentidos del liderazgo político de ese país, que se solidariza con los familiares de las víctimas, todos inocentes. Pero ni una palabra sobre un cambio constitucional que proponga un desarme colectivo en un país donde estas noticias solo van recorriendo distintos estados. Ni una palabra sobre impedir el acceso generalizado a las armas. Y ni hablar, por supuesto, de un estado de confusión tan grave en una geografía, la más poderosa, que se ha convertido en un círculo trágico de descomposición social.

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