Babel, México


Parece dar lo mismo si hablamos el mismo idioma, cuando estamos en un laberinto de lenguajes distintos. México parece estar destinado a dar vueltas en círculo por el jardín de los senderos que se bifurcan. Con esa carga de residuos ideológicos, tan frecuentemente radicales que acarician el escenario religioso, nos vamos desentendiendo de los matices de la realidad. Así, en términos de visión política (si acaso podemos utilizar el término para definir lo que es un cuadro clínico de monólogos superficiales), cada bando jala la cuerda sin asumir que no hay dolor en los puntos de encuentro (que los hay) y que las posturas mesiánicas son un freno de mano. Ni el habitante actual de Los Pinos es el diablo, ni el candidato eterno es el mesías tropical. Y viceversa. Cuando los pueblos actúan como rebaños en espera de las instrucciones del pastor, la condición imperante es la sordera, tierra fértil para sembrar odio y exhaltar las diferencias. Por eso, pasan los años, y estamos cada vez más cerca de Babel y más lejos del diálogo constructivo.

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