Memorables comienzos de libros


La mayoría de las veces, es cierto, uno sabe exactamente lo que quiere leer. En otras ocasiones uno pasea por esos paraísos en riesgo de extinción llamados librerías. En mi caso, más que leer las solapas, me gusta devorar el primer párrafo de la obra. Si me atrapa, el libro ya es mío.

Aquí algunos comienzos memorables de libros que terminaron siendo entrañables (excluyo en esta ocasión a los autores en nuestra lengua, que aparecerán en una entrega posterior, por cuestión de espacio). Quedaré eternamente agradecido si, quien por aquí pasa, tiene la generosidad de enriquecer la conversación. Al final, parece ser que lo que bien empieza, bien acaba. Al menos parece ser una dosis de verdad en este universo inagotable que es la literatura, la que nos narra ese mundo paralelo que termina siendo más real que el que vivimos.

“I don’t believe in God, but I miss him” (NOTHING TO BE FRIGHTENED OF, de Julian Barnes).

“One day there is life… And then, suddenly, it happens there is death” (THE INVENTION OF SOLITUDE, de Paul Auster).

“El amor es un combate perdido de antemano. Al principio todo es hermoso, incluso tú” (EL AMOR DURA TRES AÑOS, de Frédéric Beigbeder).

“They departed, the gods, on the day of the strange tide… Someone has just walked over my grave. Someone” (THE SEA, de John Banville)

“He’d lost his magic. The impulse was spent. He’d never failed in the theater, everything he had done had been strong and successful, and then the terrible thing happened: he couldn’t act… His talent was dead” (THE HUMBLING, de Philip Roth).

“Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo” (ÁCIDO SULFÚRICO, de Amélie Nothomb)

“They were young, educated, and both virgins on this, their wedding night, and they lived in a time when a conversation about sexual difficulties was plainly impossible. But it is never easy” (ON CHESIL BEACH, de Ian McEwan).

“Yuko Akita tenía dos pasiones. El haiku. Y la nieve.” (NIEVE, de Maxence Fermine)

“I am Misha Borisovich Vainberg, age thirty, a grossly overwight man with small, deeply set blue eyes, a pretty Jewish beak that brings to mind the most distinguised breed of parrot, and lips so delicate you would want to wipe them with the naked back of your hand”. (ABSURDISTAN, de Gary Shteyngart).

“El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una ninfa. Se llamaba Telfusa y en seguida engañó al dios” (LA LOCURA QUE VIENE DE LAS NINFAS, de Roberto Calasso).

“-Entonces, señor Klauser, ¿Mami Jane debe morir? -Por mí, ya se pueden ir todos a la mierda. -¿Eso es un sí o un no? -¿A usted qué le parece?” (CITY, de Alessandro Baricco)

“Six days ago, a man blew himself up by the side of the road in northern Wisconsin. There were no witnesses” (LEVIATHAN, de Paul Auster)

“El profesor Makik Solanka, historiador de ideas retirado, irascible fabricante de muñecas y, desde su reciente quincuagésimo quinto cumpleaños, célibe y solitario por su propia (y muy criticada) elección, se encontró viviendo en sus años plateados en una edad dorada” (FURIA, de Salman Rushdie)

“-What are you doing, father? -I’m searching for my heart, which fell away that night” (JOURNAL OF AN ORDINARY GRIEF, de Mahmoud Darwish)

“Patria, absurdo, las tradiciones utilizan continuamente las mismas palabras, giros, tirunfalismos: desarrollo de vuestras familias, de vuestras personales, connacionales: Estado nacional, gramática nacional, salud nacional, válvula de escape nacional, paraíso nacional, himno nacional, traición nacional, fiesta nacional… (EN LAS ALTURAS, de Thomas Bernhard)

“Before I tell you about Hannah Schneider’s death, I’ll tell you about my mother’s” (SPECIAL TOPICS ON CALAMITY PHYSICS)

“Layoffs were upon us. They had been rumored for months, but now it was official. If you were lucky, you could sue. If you were black, aged, female, Catholic, Jewish, gay, obese, or physically handicapped, at least you had grounds” (THEN WE CAME TO THE END, de Joshua Ferris)

“Nothing could have been further from my mind. I thought that I was returning to my home in New York at the end of a long trip abroad. Instead, I was at the beginning of the journey that woud end with my mother’s death” (SWIMMING IN A SEA OF DEATH, de David Rieff).
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2 comentarios sobre “Memorables comienzos de libros

  1. “Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio” -El juego del Ángel, Carlos Ruíz Zafón

  2. Coincido en algunos de tus comienzos favoritos de libros entrañables (otros no los he leído) y acepto la deliciosa invitación de compartir los propios. Advierto que despertaste al monstruo. Ahí van algunos:

    “Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta. She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita”. (Vladimir Nabokov, Lolita)
    “¡Qué presentes siguen en mi memoria los primeros instantes de mi vocación de bufón! Tenía diecisiete años y estaba pasando un mes de agosto más bien deprimente en un club all inclusive en Turquía; por otra parte, fue la última vez que tuve que ir de vacaciones con mis padres”. (Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla)
    “Sur ce sentiment inconnu dont l’ennui, la douceur m’obsèdent, j’hésite à apposer le nom, le beau nom grave de tristesse. C’est un sentiment si complet, si égoïste que j’en ai presque honte alors que la tristesse m’a toujours paru honorable”. (Françoise Sagan, Bonjour tristesse)
    “First she was just a figure moving toward me in the distance, among a great many others doing the same thing. A second later she was a girl. Then she became a pretty girl, exquisitely dressed. Next a responsive girl, whose eyes said: “Are you lonely?”, whose shadow of a smile said, “Then speak”. And by that time we had reached and were almost passing one another. Our glances seemed to strike a spark between us in midair.” (Cornell Woolrich, Manhattan Love Song)
    “Floria Emilia saluda a Aurelio Agustín, obispo de Hipona: Me resulta curioso el saludarte con estos términos. Hace tiempo habría escrito sencillamente ‘a mi pequeño y divertido Aurelio’. Pero han pasado más de diez años desde que por última vez me estrechaste entre tus brazos; mucho ha cambiado desde entonces”. (Jostein Gaarder, Vita Brevis)
    “The story had held us, round the fire, sufficiently breathless, but except the obvious remark that it was gruesome, as, on Christmas Eve in an old house, a strange tale should essentially be, I remember no comment uttered till somebody happened to say that it was the only case he had met in which such a visitation had fallen on a child. The case, I may mention, was that of an apparition in just such an old house as had gathered us for the occasion…”. (Henry James, The Turn of the Screw)
    “Las campanas de San Salvatore interrumpieron el ensimismamiento de Josef Breuer. Sacó el macizo reloj de oro del bolsillo del chaleco. Las nueve. Volvió a leer la pequeña tarjeta de borde plateado que había recibido el día anterior: ’21 de octubre de 1882. Doctor Breuer: Quisiera verle por un asunto muy urgente. El futuro de la filosofía alemana depende de ello. Le espero mañana a las nueve de la mañana en el café Sorrento. Lou Salomé”. (Irvin Yalom, El día que Nietzsche lloró)
    “Me acuerdo de la primera vez que me mandaron una carta en uno de esos sobres donde decía ‘Devolver a los cinco días a’ y de que pensaba que a los cinco días tenía que devolver la carta. Me acuerdo del gustillo que me daba trastear en los cajones de mis padres en busca de condones (marca Peacock). Me acuerdo de cuando el polio era la cosa más terrible del mundo”. (Joe Brainard, Me acuerdo)
    “Gregorio Samsa, al despertarse esa mañana después de un sobresaltado sueño, se halló sobre su cama convertido en un repugnante bicho”. (Franz Kafka, Metamorfosis)
    “Aujourd’hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J’ai reçu un télégramme de l’asile: ‘Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués’. Cela ne veut dire rien. C’était peut-être hier”. (Albert Camus, L’étranger)
    “Era un placer quemar. Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un kerosene venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia”. (Ray Bradbury, Fahrenheit 451)
    “All children, except one, grow up. The soon know that they will grow up, and the way Wendy knew was this. One day when she was two years old she was playing in the garden, and she plucked another flower and ran with it to her mother. I suppose she must have looked rather delightful, for Mrs. Darling put her hand to her heart and cried, “Oh, why can’t you remain like this for ever!”. This was all that passed between them on the subject, but henceforth Wendy knew that she must grow up. You always know after you are two. Two is the beginning of the end”. (James Matthew Barrie, Peter Pan)

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