El escepticismo no es ficción


Así como hemos pedido prestado hasta el cansancio a Augusto Monterroso su cuento de una línea (“Y cuando desperté, el dinosaurio seguía ahí”) para trasladarlo a la recurrente pesadilla de los escenarios políticos mexicanos, aludiendo al viejo estilo de gobernar tan característico de siete décadas de mandato priísta, ahora que estamos a unos cuentos días del retorno de ese partido a Los Pinos vale la pena poner sobre la mesa de reflexión el término de “política ficción”, acuñado por ese ilustre fantasma que ronda los laberintos del poder.

Primero, un veloz ejercicio de memoria. Carlos Salinas de Gortari acuñó el término en cuestión en septiembre de 2005, cuando en entrevista Denise Maerker le cuestionaba sobre varios rumores acerca de su participación (más encubierta que abierta) en diversos episodios de la vida nacional, incluidas negociaciones suyas con el entonces presidente Vicente Fox, con Andrés Manuel López Obrador y una selecta lista de etcéteras. A cada interrogante de Maerker, Salinas respondía enfático, en su tono característico: “Política ficción”.

Lo que quería decir el polémico ex presidente es que en México tenemos muy encendido el imaginario colectivo, estimulado por galerías constantes de rumores, asociados a los participantes políticos, y somos arrastrados por la marea de la ficción. Política ficción. Como toda la que se narra magistralmente en varias de las series de TV americanas. Política ficción. Como dardo venenoso para dejar la realidad es un escenario de incertidumbre.

La política ficción, pues, entendido como una frase diseñada para eludir respuestas y mantener viva la fábrica de los rumores, no es prerrogativa, de todos modos, ni de CSG ni del partido tricolor. Ahí está, si no, el sprint final de Felipe Calderón, quien dedica sus últimos días de gobierno a inaugurar obras (inconclusas, por supuesto) por aquí y allá de la geografía nacional, como si de verdad creyese que su gobierno será recordado por la construcción de carreteras y puentes más que por la guerra fallida y sangrienta contra el narco. Política ficción, habría que decirle.

Y así como la galería tenebrosa de crímenes sin resolver (Colosio, Ruiz Massieu, et al) de la época salinista se han mantenido como los fantasmas indisipables asociados con su administración, de Calderón se recordará siempre la tristísima estadística de los 60,000, 70,000 u 80,000 muertos, junto con la suspicacia asociada a la muerte “accidental” de dos secretarios de Gobernación. Más política ficción.

En medio, varias elecciones controversiales, que marcan la llegada y la salida del propio Calderón. Ahora le pasa, en solo una semana más, la estafeta de la política ficción a Enrique Peña Nieto, el ex gobernador del Estado de México a quien se liga tanto a CSG (“política ficción”, respondería siempre este último). Política ficción o no, lo que sí prevalece en México es un ejercicio puntual, interminable e ininterrumpido de la ficción de la política, en donde ya nadie se cree ninguna historia. El escepticismo no es ficción.

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