Más episodios de la tragicomedia nacional


Nos amanecemos con la noticia de que la señora de los Hummers se queda seis añitos más al frente del sindicato magisterial. Por supuesto que no sorprende: en México los sindicatos, como la política, son víctimas añejas del secuestro de un club de cargos vitalicios. Ahí están, como penosas muestras palpables, los sindicatos petrolero, telefonista, de electricistas y una larguísima lista de etcéteras que incluye curules en las cámaras y presidencias en los partidos políticos.

En el caso de Elba Esther Gordillo, lo lamentable es que se encuentra metida en el epicentro de nuestra problemática: el nivel educativo de México. Con ella al frente del magisterio resulta impensable poder dar la madre de todas las batallas: las urgentes reformas a un sistema educativo anacrónico. Con ella al frente, tan reacia a que se ejerza un asunto tan básico como la obligatoriedad de los exámenes magisteriales, vamos dando pasos firmes para alcanzar los niveles educativos de Uganda y de Burkina Faso.

Debemos sentirnos orgullosos de la eficacia de nuestro gatopardismo. Los mexicanos somos los reyes mundiales del discurso de las transformaciones de papel, esas que bajo ninguna circunstancia suponen un solo riesgo al status quo imperante. Que cambie todo, menos las camarillas en el poder. De cualquier modo, hemos asegurado, desde hace décadas, que se imponga el analfabetismo funcional.

(Una imagen epopéyica para derramar las lágrimas)

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