El momento de los tributos


No sé si estas líneas son un tributo a Héctor Abad Faciolince y su hermoso libro El Olvido que Seremos. Quizá, más bien, le tomo prestadas las palabras al escritor colombiano para rendirle un tributo a mi padre, a ese héroe de alas rotas que, de todas las maneras posibles, sigue siendo el hombre más relevante de mi vida. Aquí la cita que me conmueve:

“Nunca me he sentido bueno, pero sí me he dado cuenta de que muchas veces, gracias a la benéfica influencia de mi papá, he podido ser un malo que no ejerce, un cobarde que se sobrepone con esfuerzo a su cobardía y un avaro que domina su avaricia. Y lo que es más importante, si hay algo de felicidad en esta vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me comporto de una manera decente y más o menos normal, si no soy un antisocial y he soportado atentados y penas y todavía sigo siendo pacífico, creo que simplemente porque mi papá me quiso tal como era, un atado amorfo de sentimientos buenos y malos, y me mostró el camino para sacar de esa mala índole humana que quizás todos compartimos, la mejor parte. Y aunque muchas veces no lo consiga, es por el recuerdo de él que casi siempre intento ser menos manlo de lo que mis naturales inclinaciones me indican”.

Así puede ejercer influencia un padre sobre su hijo. Así la ha ejercido el mío, quien aún vive con toda salud por mucha fortuna. Así quiero ejercerla sobre mis hijos.

Mi padre, sí, con sus ojos verdes llenos de tristeza tantas veces, que siempre intenta ocultar. Y que cree que yo no me doy cuenta.

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