Malta, agave y paternidad


Fue justo un Día del Padre en casa. Nuestros buenos amigos de Johnie Walker organizaron una cata whiskera en la que había que incluir amigos y familia. Único requisito: padres e hijos.

Mi hijo Andrés ya había cumplido 18. Fue el primero en sentarse a la mesa de degustación. Tras escuchar atentamente la explicación del emisario de la marca del hombre caminante, procedió a probar. Uno, dos, tres, cuatro. Todos los colores de la etiqueta.

–       Está bueno – me dijo.

–       ¿Cuál de todos?

–       Pues todos.

Dos años después se repitió la historia. Pero ahora fue con un amigo mezcalero, que organizó una cata (muy generosa) con mezcales de Guerrero. Uno a uno pasaron los vasitos con el elíxir de agave. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Distintas plantas, diferentes productores.

–       Están muy buenos – me dijo.

–       Uy. ¿Cuál de todos?

–       Pues todos.

Para ser justos, tras mucho escarbarle, mencionó un par de ellos como los “verdaderamente exquisitos”.

Como puede verse, mi hijo habla poco, pero es un buen bebedor.

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