Napa y Sonoma: la visita de las 9 casas


El inicio no puede ser más grato si la ruta se planea al mediodía de un domingo extrañamente soleado en una de las mesas de uno de los mejores restaurantes chinos de San Francisco (The House of Nanking, en 919 Kearny St; 415-421-1429). Ya no importa, pues, si tras la iniciativa de la mujer del alquiler en Hertz, el auto rentado es una sorpresa color verde, muy parecido a una carroza fúnebre, que nos terminará acompañando a cada uno los viñedos palomeados.

Primer dilema: de la larguísima lista, cuántos viñedos será posible visitar y cuántos vinos catar sin que la policía perciba el estado etílico de una pareja en la carretera, sobre todo cuando se ha tomado la decisión (irresponsable, admitido sea de paso) de no tener conductor designado.

Segundo dilema: cómo aplacar el entusiasmo para no comprar botellas en cada viñedo, de modo que el sobrepeso y la aduana son sean pesadillas que arruinen el final del viaje. Solución latina: el final es lo de menos.

 

San Francisco-Healdsburg, con escalas

Dejar atrás San Francisco al cruzar el Golden Gate es una de esas experiencias que se pueden vivir constantemente sin abandonar el asombro. Muy pronto, al llegar a Petaluma, lo mejor es dejar la aburrida ruta 101 y tomar la discreta 116 rumbo al este, donde comienzan a aparecer la tierras cultivadas del condado de Sonoma.

Iniciar la travesía por el Wine Country un lunes presenta dos grandes ventajas: no hay el tráfico del fin de semana en la carretera y los viñedos están poco concurridos, por lo que no se requiere hacer ninguna cita previa. Por eso se puede llegar a tiempo para el almuerzo, justo en el centro de Sonoma, a The Girl and The Fig (110 West Spain Street; 707- 938-3634), un brasserie que ofrece una selección memorable de charcutería y de quesos locales y donde, evidentemente, se llena la primera copa de tinto.

Luego de dar una vuelta por la plaza central y esquivar la tentación de comenzar con las compras cuando el equipaje aún está en la cajuela del auto, inicia la verdadera travesía. La carretera 12, o Sonoma Highway, es el santuario de las grandes casas vinícolas de esta región.

Primera cata: Chateau St. Jean (8555 Sonoma Hgwy, Kenwood, 707-833-4134). Sin pensarlo, nos dirigimos a la cata de los vinos de reserva. Entre el Pinot Noir, el Cabernet Sauvignon y el Merlot, cosa extraña, este último fue el más memorable.

Segunda cata: Blackstone (8450 Sonoma Hgwy, Kenwood, 707-833-1999), ubicado casi enfrente del anterior. Bastante más discreto y pequeño, pero de caldos fuera de serie. Salimos de ahí con un Cabernet Sauvignon, un Petite Sirah, un Syrah y hasta un oporto local.

Tercera cata: St. Francis (100 Pythian Road at Sonoma Hgwy, Santa Rosa, 1-888-675-9463). Majestuosa, esta casa vinícola ofrece un Mourvedre, un Zinfandel y un Cabernet Franc, de su serie artesanal, que hace inevitable salir cargado de nueva cuenta. Aquí se puede reservar para la hora del almuerzo o de la cena, un maridaje de comida y vino por $25 dólares.

En Santa Rosa se vuelve uno a encontrar con la 101, la ruta adecuada para llegar a Healdsburg, un pueblo elegante, limpio y famoso por su buena cocina. Desempacamos en el Hotel Healdsburg (25 Matheson St; 707-431-2800), a tiempo aún para caminar un poco y prepararnos para la cena.

Cierre con broche de oro: cena en Cyrus (29 North Street; 707-433-3311), obra de arte del chef Douglas Keane, con sus merecidísimas 2 estrellas Michelin. Hay que evitar el carrito del caviar, para pasar directamente al espectáculo culinario que ofrece el menú. De cualquier manera, la cuenta será abultada.

Descubrimiento importante al término de la jornada: los viñedos no abren antes de las 11 AM  porque nadie llegaría vivo a la hora del lunch.

De Alexander Valley a Russian River Valley

Tras un generoso desayuno y una caminata por la plaza central de Healdsburg, nos dirigimos a seguir con la odisea enológica. El discreto Alexander Valley se junta con Dry Creek Valley, donde se ocultan decenas de pequeñas casas vinícolas. Una vez recorridas, la West Dry Creek Road es una bellísima y angosta carretera que serpentea por las montañas rumbo al Russian River Valley, con el pueblo de Windsor como epicentro.

Cuarta cata: Rosso & Bianco (300 Via Archimedes, Alexander Valley; 707-857-1400). Todavía sin iniciar una remodelación que la convertirá (por desgracia) en un pequeño Disneylandia, la vinería “chica” de Francis Ford Coppola ofrece tours de cata dentro de las barricas de añejamiento. El Syrah es bastante recomendable.

Quinta cata: Hop Kiln (650 Westside Rd, Russian River Valley; 707-433-6491) es el sitio ideal para comprar un Cabernet Sauvignon bastante cumplidor, pan, quesos, embutidos y hacer un majestuoso picnic al exterior, con un pequeño lago como marco. Una botella de chocolate oscuro fundido es, ni hablar, un capricho inevitable.

Sexta cata: Helen Turley es, desde hace ya muchos años, una de las leyendas hacedoras de vino de la región. Y Martinelli (3360 River Rd, Windsor; 707-525-0570) ha conseguido que la señora sea su enóloga de cabecera. Su gran mano es visible en el Pinot Noir  de Bella Vigna y en el Syrah de Terra Felice. Todo está dicho.

Por la tarde, el Healdsburg Spa (parte del hotel) nos recibe con un ritual de pareja que incluye masaje y un wrap de vino tinto y miel.

De Calistoga a Napa

Para brincar de Healdsburg a Calistoga el camino ideal es el Petrified Forest Road, que esconde precisamente unos bosques petrificados y que termina en el Old Faithful Geyser (1299 Tubbs Lane, Calistoga), un fenómeno natural que lanza su chorro caliente cada 15 minutos. Al mejor estilo americano, se exhiben ahí mismo algunos ejemplares sui generis de la fauna, como cabras “desamayadoras” y carneros de cuatro cuernos.

Es ahí donde hay que tomar la decisión de ir hacia el sur vía la 29 o el Silverado Trail, ambos caminos abundantes en casas vinícolas y que, al final, conducen al pueblo de Napa. Elegimos la 29.

Séptima cata: Franciscan (Highway 29 at Galleron Rd; 707-967-3993), una hacienda de adobe de la que, inevitablemente, salimos cargados de Cabernet Sauvignon, Clos y Syrah. De lo mejor hasta el momento.

Octava cata: ahora sí, Hollywood en acción en Rubicon Estate (1991 St Helena Highway, Rutherford; 707-968-1161), el gran showroom vinícola de Francis Ford Coppola. Más allá de la alfombra roja en la entrada, el pasaporte para el tasting room y el museo personal del cineasta, lo memorable es el Cabernet Sauvignon del Captain’s Reserve y el magnífico servicio de los empleados del lugar.

Pausa en Yountville, pueblo célebre gracias a que aquí el chef más renombrado de todo Estados Unidos tiene su mayor obra de arte: The French Laundry. Sin embargo, dado que para obtener una mesa se tiene que reservar con al menos tres meses de anticipación, la elección para el almuerzo es Bouchon (6534 Washington St, Yountville), el bistró del propio Keller donde la fuente de mariscos es el platillo que hay que elegir.

El día termina en The Carneros Inn (4048 Sonoma Highway, Napa; 707-299-4900), un hotel aislado en la montaña, donde cada cuarto es como una granja con jardín privado y, según varias publicaciones, es uno de los 10 mejores resorts de Estados Unidos. Conclusión: estamos de acuerdo.

 

Final feliz en Napa

Nada más sublime para iniciar el día que hacer un paseo en globo por el valle de Napa, justo cuando la niebla matutina le abre espacio al sol. Una buena opción es Balloons Above the Valley (707-253-2222), pero no hay que hacerse muchas expectativas con el champagne brunch que ofrecen al final del vuelo.

Novena cata: Vintner’s Collective (1245 Main Street, Napa; 707-255-7150). Para cerrar con broche de oro las catas, este colectivo de vinerías, albergado en el casco de una antigua cervecería, es el mejor sitio para probar vinos de casas pequeñas que aún no desarrollan su propia infraestructura para ofrecer visitas. Recuerdos del paladar: un Pinot Noir de Ancien Carneros Toyon Vineyard, un Zinfandel y un Petite Sirah de Chiarello, una mezcla de Cabernet y Zinfandel de Destino (The Mask), un Asante Sana de Showket, un Cabernet Sauvignon de Longfellow (le ponemos la medalla de oro) y un Syrah de Mi Sueño (707-258-6358), esta última la casa vinícola de Rolando Herrera, un migrante mexicano que inició su trayectoria en California como lavaplatos del Auberge du Soleil. El gran sueño americano, hecho realidad a través del toque mágico de este hombre, hoy un reconocidísimo enólogo en toda la región.

Volvemos a tiempo para la cita en el spa de Carneros Inn, donde nos espera un masaje reparador con leche caliente de cabra, que nos abre el apetito para la última cena en Angéle (540 Main Street, Napa; 707-252-8115), donde los cassoulets son de concurso.

Sonoma y Napa, el primero más auténtico, el segundo más estudiado, quedan impresos, al final, como rutas sagradas para hedonistas confesos, dispuestos a declararle su amor a la tierra. Y, de paso, a dejar muchos, pero muchos dólares en el trayecto.

 

Javier Martínez Staines

2 comentarios sobre “Napa y Sonoma: la visita de las 9 casas

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