No soy yo, sino mi ADN mexicano


Ni hablar: creo que el benemérito profesor Carlos Hank González tenía toda la boca llena de razón cuando afirmaba, con su muy habitual cinismo en las épocas doradas del priísmo, que “quien vive fuera del presupuesto, vive en el error”. Para muestra, un botón jarocho: la aparición de una maleta y una mochila con $25 millones de pesos, salidos de las cajas del gobierno del estado de Veracruz, con el noble propósito de pagar las cuentas del carnaval del puerto, las celebraciones de la Candelaria en Tlacotalpan y otras festividades.

Si bien en tiempos de Twitter nuestra memoria ya sólo tiene alcance de unas cuantas horas y, por tanto, esta noticia parece ya extraída de párrafo de libro de texto, esta historia viene a cuento en función de que la única consecuencia habida fue la “renuncia” del tesorero estatal (cosa que ni siquiera quedó claro si era precisamente por este espinoso tema), luego de que un funcionario del gobierno veracruzano comentara a la prensa que el dinero se manejó en efectivo “por las prisas”.

Aquí no nos vamos a meter a la discusión de la legalidad o ilegalidad de ese dinero, porque no hay ninguna posibilidad de que se maneje un fondo de ese tamaño, en maletitas, para el destino que se comenta. Huele a putrefacción. El problema de fondo es que parece que los mexicanos no estamos capacitados para dar seguimiento a los asuntos. Somos los reyes del standby. Así las cosas, a estas alturas ya se nos olvidó el tema y ahora andamos metidos en el prearranque formal de las campañas presidenciales, luego de que Josefina Vázquez Mota surgiera como la abanderada panista, además de otros tópicos tan relevantes como a quién y de a cómo le venderá el cariño la maestra Gordillo, las malas palabras de Xóchitl Gálvez, si Calderón perdió ya todas las batallas políticas y los copitos de nieve que cayeron por el Nevado de Toluca.

Tras toda esta alocución (y solicito una dispensa para todos aquellos a quienes con justa razón hoy les importa un rábano lo que gire alrededor de la política) me concentro, pues, en lo que nos ocupa: la memoria de corto alcance. Si en nuestro código genético está inscrita la amnesia colectiva, propongo a los aguerridos lectores de Esquire que utilicemos la herramienta del olvido involuntario para menesteres más entretenidos que la exigencia de rendición de cuentas de nuestros funcionarios públicos.

Por ejemplo: en la situación incómoda que se genera tras esa primera cita donde la mujer espera la llamada del día siguiente. Dado que es probable volverse a encontrar ella misma en cualquier sitio algunos días después, ante la mirada de cólera propia de la ocasión, uno debe responder: “Perdón, pero se me cruzó otro asunto y lo olvidé. No soy yo, sino mi ADN mexicano”.

Del mismo modo puede ocuparse en una contingencia laboral, donde ya urge modificar la galería de pretextos. Ante la petición del jefe de ver la presentación que fue claramente solicitada para un día y una hora determinada, en vez de responder con los muy desgastados “ya casi la tengo” o “ahorita está”, creo que uno podría desarmarlo con algo más auténtico: “Mierda. Olvidé lo primero que me pediste cuando me solicitaste un segundo tema. No soy yo, sino mi ADN mexicano”.

O al llegar tarde a una cita (o no llegar), cuando el recurso del terrible tráfico ha perdido toda su efectividad, aplica mejor: “Mira, me paré por un café en el camino y olvidé para donde iba. No soy yo, sino mi ADN mexicano”.

Lo mismo, pues, queda manifiesto en el efímero escándalo de los $25 millones de pesos: “Como le pidieron otra cosa al tesorero del gobierno se le olvidó hacer la transferencia electrónica bancaria, y me traje el dinero en morralla en estas maletas. Perdón, pero no fue él, sino su ADN mexicano”.

De cualquier manera, en todos estos casos, si el interlocutor es también compatriota, igual se le puede olvidar que se acostó contigo, te pidió esa presentación, te agendó una cita o se robó un montón de dinero. Da lo mismo cuando no le damos seguimiento a nada. De ahí la sonrisota de Javier Duarte, el gobernador de Veracruz.

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