En defensa del Tiger


¿Por qué tanto alboroto con las novias de Tiger Woods? Es increíble. Digo, no por nada es el Tiger. Tarde o temprano tenía que haberle rendido tributo al nombre, ¿no? Caray, eso de que hasta los patrocinadores estén recortando el dinero es un monumental acto de hipocresía. Típico de un país dominado por el puritanismo y la doble moral.

         Además, si atiendo a la sabiduría de mi abuela (qepd), la culpa no es de él, sino de todas aquellas “lagartonas” que intentaron un fast track a la fama y a la gloria. Independientemente de lo que haya llevado a Woods a practicar una promiscuidad de tal nivel, lo que debemos reconocerle es que, detrás de esa cara de tipo aburrido con peinado de niñito bueno y demasiado concentrado en los bastones de golf y los récords mundiales, lo que realmente existía detrás (dicen) era un genio en la cama. En lo que fue mucho menos brillante es el manejo de la discreción. A grado tal que sospechamos que la alcaldía de Las Vegas tendrá que cambiar muy pronto su famoso lema promocional de “what happens in Vegas, stay in Vegas”, porque el tema ya no tendrá credibilidad.

         Como la del Tiger, hay muchas otras historias de infidelidades ya clásicas de varias celebridades, que bien viene ahora a cuento. Las que definitivamente no avalamos: Ethan Hawke (¿a quién se le ocurre hacerlo cuando tienes al lado a Uma Thurman?, ¡por Dios!); Hugh Grant (mismo caso con Liz Hurley). Las que sí avalamos: David Letterman (por la desfachatez por la que admitió haberse acostado con un nutrido número de miembras de su staff, además de la esperanza que nos da a todos para llegar activos a la tercera edad); Bill Cliinton (no es que la señorita Lewinsky ameritara el numerito, pero el ex presidente nos divirtió a todos con las diferencias entre el sexo oral y la penetración) y a Silvio Berlusconi (porque, independientemente de su reprochable actuación política, su esposa está loca, punto).

         Todas estas historias son famosas. De ahí que nos corresponda levantar una enérgica protesta: ¿por qué siempre se le hace tanto ruido a la infidelidad masculina, como si pintar los cuernos fuese una prerrogativa del hombre y no hubiera varias decenas de casos al revés? A ver, ¿por qué no le armaron tanto alboroto a Meg Ryan cuando le hizo lo propio a Dennis Quaid (¿nomás porque fue con Russell Crowe?). O a doña Denise Richards, que engañó a Charlie Sheen con su vecino (le hizo tanto daño, que el señor Sheen se ha tenido que reivindicar con su personaje de Two and A Half Men).

         Lo cierto es que estamos en la antesala del derrumbe de Tiger Woods. Más allá de las varias centenas de millones de dólares que tendrá que pagar por daños y perjuicios a quien pronto será su ex mujer, su reputación se ha venido al suelo y ciertas marcas ya anunciaron disminuciones sustanciosas a sus patrocinios. Entonces este pobre hombre pasará a la historia no sólo por ser uno de los más grandes jugadores de golf, sino por ser un monumental golfo.

        

 

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