Psicología pop y filosofía light


Vienen con tanta fuerza algunos profetas del siglo XXI, que hasta los consultores más serios deberían empezar a preocuparse por la competencia desleal.
En estos tiempos es cada vez más frecuente que, casi sin darse cuenta, muchas personas se transformen en feligreses de singulares personajes que, cual sacerdotes del nuevo milenio, promulgan leyes y mandamientos para que las cosas mejoren en la vida y en el trabajo de una forma casi milagrosa.
Podríamos llamarles algo así como predicadores de la psicología pop y de la filosofía light. No debemos confundirlos, por supuesto, con las también comunes personas que pa- recen enciclopedias de datos inútiles, aquellas que se dedican a conjuntar conocimientos de nula aplicación práctica, por el puro placer de hablar con léxicos elevados y sentirse intelectuales sofisticados. Ya hablaremos de ellos. Más bien, para encontrar un referente claro, es como si gracias a los consejos de Oprah Winfrey, los sermones de excelencia de Miguel Ángel Cornejo o los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez y de otros sucesores de Og Mandino, alguien expe- rimentara una transformación radical en su vida.
Francamente, creo que tanto para esa transformación como para mejorar situaciones organizacionales hace falta mucho más que constructores de decálogos superficiales y compendios de sabiduría chatarra, como dice un amigo. Pero vienen con tanta fuerza algunos profetas del siglo XXI, que hasta los consultores más serios deberían empezar a preocuparse por la competencia desleal.
Bienvenidos al nuevo milenio, a la era de los cambios mágicos en una mañana de inspiración frente al espejo. Así rezan algunos de estos nada ingenuos personajes, que con cursos y conferencias se llenan de dinero los bolsillos aprovechando que existe mucha gente feliz de escuchar lo que quiere escuchar. Lástima que por ahí no vaya la cosa: por un lado, a la gente hay que ofrecerle lo que necesita, y no lo que quiere; por otro, ocurre que las personas, a fin de cuentas, jamás cambiamos. Vaya lío. Sin embargo, hay una noticia para estos filósofos light y psicólogos pop, tremenda plaga de la modernidad: la verdadera transformación del ser humano está sustentada en la conciencia. O sea, no todos seremos presas fáciles de sus rollos huecos, sin sustento. Concienzudos del mundo, ¡uníos!
EL AUTOR NO ES PSICÓLOGO NI FILÓSOFO, PARA FORTUNA DE SUS CONOCIDOS.

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