Los juegos que todos jugamos


“Cuando los trabajadores se congregan, juegan futbol. Cuan- do los gerentes se reúnen, juegan tenis. Cuando los directo- res se juntan, juegan golf.” ¿Conclusión? No es tan difícil imaginarla: “Cuanto más alto es tu cargo, más pequeñas son tus pelotas.”
La moraleja de este chiste no es más que una mala broma, de subrayada misoginia, pero no va por ahí la intención de estas líneas. En realidad, se trata de revisar algunos arquetipos en función de los juegos que elegimos. Buscamos espacios lúdicos hasta la muerte. A continuación, al tenor de un “dime a qué juegas y te diré quién eres”, presentamos una muy caprichosa selección de los homos ejecutivus a partir de su pasión por jugar. Dice mucho más que lo que creemos de sus actitudes en la oficina y de su modo particular de tomar decisiones. Y que cada quién saque sus propias conclusiones.
Lobos solitarios. Juegan golf o practican veleo. Para ellos, todo es un reto, pero el principal de todos es vencerse constantemente a sí mismos. Suelen ser esnobs, egoístas, excluyentes y muy competitivos. Disfrutan el poder y lo ejercen, por lo general sin contemplaciones.
Perseguidores perseguidos. Corren. En sus agendas destacan los asuntos pendientes, que se acumulan sin cesar. Se encuentran en una búsqueda afanosa y perpetua de sus prioridades de vida. Son confusos. Persiguen y huyen al mismo tiempo.
Libres pensadores. Esquían o bucean. Les gusta tomar sus propias decisiones y buscan espacios de soledad para poner en orden sus ideas. Aunque suelen ser accesibles, tienen problemas con la autoridad: no les gusta que alguien más les gobierne y disponga de su tiempo. Son observadores acucio- sos y amantes obsesivos de la libertad.
Vencedores del miedo. Practican deportes extremos: pa- rapente, rafting, alpinismo, etcétera. Han crecido con tantos temores que requieren demostrarse a sí mismos (y a los demás) que la valentía es su virtud más destacada. Están siempre dispuestos a entrarle a lo que sea. Son participativos y confiables.
Guerrilleros sin guerra. Son los fanáticos del gotcha y el tiro. Son inseguros y beligerantes, pero siempre buscan la aprobación del jefe para sentirse cómodos con sus decisiones. Cualquier brote de conflicto que se presente, por mínimo que sea, huele a problemas graves, que deben ser atacados con la artillería completa. Al menor descuido pue- den apuñalarte por la espalda.
Intelectuales voladores. Juegan ajedrez o backgammon. Son máquinas productoras de grandes ideas, pero casi nunca saben cómo aterrizarlas. Estrategas incansables de sofistica- das jugadas de pizarrón, que requieren de otros para que la creatividad desbordante se transforme en acciones.
Animales sociales. Jugadores ritualistas de dominó, pó- ker, cubilete, etcétera. Ellos se reúnen, gritan y beben. Exi- gen compañía para emprender cualquier cosa. Sólo la complicidad de sus colegas les brinda un medio ambiente propicio para tomar decisiones. La soledad es su campo de exterminio.
Nerds incurables. Adictos a los juegos electrónicos. Se entienden con la computadora y con el televisor, pero presentan severos problemas en sus relaciones con la gente. Son irritables y abstraídos. Utilizan el MSN y el e-mail para comunicarse hasta con sus vecinos de asiento.
Agresivos reprimidos. Juegan boliche. Están enojados con el mundo, pero reprimen las actitudes agresivas: su ira se convierte en dibujos en los que hacen vudú al jefe durante las juntas. Hablan a través de monosílabos.
EL AUTOR NO PIENSA REVELAR EN CUÁLES DE ESTAS CATEGORÍAS CALIFICA.

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