Los antipáticos ya no están de moda


Obviedad que jamás termina por ser obvia: las personas empáticas son más aptas de obtener lo que desean de los demás que las antipáticas. Lejos, pues, de ser una revelación, esta frase suena más bien disparatada si uno se asoma a analizar la personalidad de los líderes políticos y de negocios: la gran mayoría son antipáticos. ¿Eso los aleja de ser efectivos? He ahí la cuestión.
La nueva palabreja de moda es likeability. Más vale que la vayamos aprendiendo, porque se volverá vocablo de uso común en los departamentos de recursos humanos, desarrollo organizacional y, por supuesto, en los ejércitos de consultores. El responsable del término es Tim Sanders, “coach” de liderazgo de Yahoo! y autor del best-seller Love Is The Killer App, quien ahora ha publicado The Likeability Factor: How to Boost Your L-Factor and Achieve Your Life’s Dreams.
Pese al título de manual de superación personal, tan peligrosamente cerca del lugar común, Sanders aporta algunos elementos para que los muchos lobos feroces que gobiernan en las empresas adopten actitudes de corderos amables, con la supuesta consecución de mejores resultados. Si se toma en cuenta que la sabiduría convencional corporativa insiste en que es mucho más importante ser respetado que querido, es- ta obra lanza un reto interesante a partir de la premisa de que, después de todo, la vida es una serie de concursos de popularidad. Entre otras cosas, el autor habla de cuatro elementos de la personalidad que deben desarrollarse para incrementar el nivel de likeability: amabilidad, relevancia (entendida como conexión con los intereses y necesidades de los otros), empatía y autenticidad (ser genuinos). “El Factor L —dice el autor— no es un accidente del nacimiento, sino una habilidad que puede ser aprendida.” Y, para todos aquellos que sienten que sus niveles de simpatía andan muy bajos, se incluyen ejercicios prácticos para subir el rating de popularidad.
Me pregunto si de verdad la gente puede dejar de ser antipática. Más aun: ¿los líderes insoportables se saben “no queridos”? ¿Les importa, acaso? Quizá si se encuentran en un momento en el que no están obteniendo los resultados es- perados en el negocio, la esperanza se manifieste. Llamémosle: un instante de sensibilidad propicia. Si su habitual rudeza innecesaria no repercute en mejores niveles de EBITDA, pueden estar listos para ejercitar los músculos de la simpatía y de la atracción. A final de cuentas, Sanders regala su propia de- finición de la palabra likeability (según él tras “años de investigación de los mundos de la psicología, la fisiología y la personalidad”), muy ad hoc para todos aquellos adictos a la manipulación con rostro amable: “Es la habilidad de crear actitudes positivas en otras personas a través de la entrega de beneficios físicos y emocionales.”
Si el concepto encuentra el eco que busca, además de enriquecerse con la venta de ejemplares y las horas de consultoría, Sanders le habrá hecho un gran favor a todos los habitantes del universo corporativo: el fin del reinado de los jefes duros y antipáticos. Bienvenidos a un mundo feliz.
EL AUTOR ENSAYA TODAS LAS MAÑANAS UN PROLÍFICO POPURRÍ DE SONRISAS PARA RESULTAR SIMPÁTICO A LOS DEMÁS.

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