La vida difícil del financiero


Esta es una invitación a comprender, aunque sea un poquito más, a esos impopulares y temidos personajes que responden a las siglas anglosajonas de CFO.
¿Te has puesto a pensar cuán desdichada puede ser la vida del director financiero de tu empresa? Estos personajes, tan amigos de la aritmética, suelen transformarse en ene- migos acérrimos de los seres humanos que habitan una compañía. Solitarios incurables y analíticos empedernidos, difícilmente son candidatos a ganar alguna mención en los concursos de simpatía en la diversa fauna corporativa.
Por supuesto, los siempre tan temidos Chief Financial Officers (CFOs) son dueños de un talento difícilmente replicable: su visión estratégica, capaz de convertir océanos numéri- cos en panorámicas confiables. Nadie en la empresa puede ig- norarlos, pese a las ganas que a veces dan de hacerlo. A fin de cuentas, hacer oídos sordos a sus sugerencias o reclamos, es el camino más corto a ver vaciadas las arcas de tu presupuesto.
Aunque no lo creas, estos sesudos ingenieros (o contadores), disfrutan con sospechoso ánimo de enredarse en tablas de Excel, construir escenarios a distintos plazos y crear presupuestos. ¿Puede ser esto normal? Difícil saberlo, pero lo que sí me consta es que son seres que sufren. En verdad, sufren muchísimo. Aunque se aparezcan en tu oficina para darte malas noticias (nunca olvides que para ellos tú representas un costo), cosa que aparentemente disfrutan, créemelo: ellos sufren. En el fondo (muy en el fondo), ellos desean ser populares y queridos. Sacrificarían un poco de respeto por una pizca de amor.
Por eso hoy yo salgo en su defensa. Aunque estas líneas puedan ser malinterpretadas, créanme que llevan la intención de rendirles un breve, emotivo y sincero homenaje. Necesitan, como recién comentamos, muestras de aprecio, como cualquier otro ser humano. Que al menos por esta vez sientan que reciben afecto de alguien más que no sea una calculadora científica. Es una cuestión de enfoques: detrás de su actitud pesimista con tintes de sensacionalismo —su filosofía fatalista pone en tela de juicio hasta a los más sonados aciertos de la gente—, ellos sólo buscan generar en ti un asomo de conciencia. A través de su republicana austeridad —a fin de cuentas son los banqueros centrales de la firma—, tratan de hacerte entender que un Calinda bien puede estar a la altura de un Four Seasons. Mediante su enfoque a los costos y a transmitirte sus “cuentas de carnicero” con modales poco amables, sólo pretenden hacerte comprender una formulita muy sencilla, a menudo olvidada por los demás: las empresas nacieron para ser rentables y tu proyecto, que cuesta 10 millones de pesos echarlo a andar, no siempre es tan bueno como te lo imaginas.
No creas más en aquello que se pregona de “desconfía de una persona que confía más en los números que en la gente”. A mí me parece que esa máxima fue creada por los típicos resentidos que alguna vez fueron víctimas de problemas con el flujo de efectivo.
EL AUTOR PIENSA NEGOCIAR MUY PRONTO UN PRESUPUESTO MÁS GENEROSO.

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