La insoportable testarudez del ser


Tantas veces están equivocados los demás que ya empieza a ser sospechoso.
Hay quienes practican con gozosa obsesión el arte de tener la razón. Para ellos, el resto de la humanidad conforma un ejército de gente equivocada. La realidad es siempre del color que desean. Son tan testarudos, que de verdad se creen su propio cuento.
En cualquier sitio, los necios funcionales son un clan per- nicioso. Pero dentro de una empresa se vuelven perpetuos conspiradores contra las mínimas reglas de convivencia y ur- banismo corporativos. Dado que la terquedad no es más que el recurso habitual de quienes desconfían de su propia verdad (inseguros, los llamaría alguien que no se hace bolas), son los típicos descalificadores de todo en una compañía. Y agárrese quien pueda.
En su aspecto más benévolo, los incurables necios son profetas de la argumentación colorida y se valen de técnicas de manipulación para convencer al resto de la humanidad de sus razones. Rollo mata carita: la verdad está en el camino que se recorre para doblegar al otro, que siempre está equivocado. Qué más da: las mentiras o las medias verdades, bien acomodadas en una espectacular presentación de Power Point, suenan más verídicas que las propias verdades. Por lo general, estos personajes pueden localizarse en las altas esferas de los organigramas. Al menos, hay que agradecerles que tengan la suficiente sofisticación para recurrir a senderos más creativos que el del autoritarismo.
En su dimensión más perversa, los testarudos miran al mundo con tal arrogancia que su máxima parece ser “todos son sospechosos de estar equivocados hasta que demuestren estar de acuerdo conmigo”. Ciertamente, la humildad no es la mejor aliada de la terquedad. Esta fórmula (arrogante + necio) da como resultado a una especie de analfabeta crónico que cree descubrir el hilo negro a cada instante y, peor aun, ¡se ufana de ello ante su jefe, colegas, subalternos, parientes, amigos y enemigos! A diferencia de los tercos mani- puladores, los necios arrogantes viven en la más absoluta inconsciencia: ni saben que son testarudos ni se perciben soberbios. Eso los hace más peligrosos, porque en cualquier momento cambian la fórmula de la Coca-Cola dentro de un negocio exitoso.
Hay que andarse con cuidado: en todas las empresas hay varios especímenes con estas características. Y que quede claro: ellos siempre tienen la razón.
EL AUTOR SUFRE DE FRECUENTES ATAQUES DE IRRITANTE NECEDAD.

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