Justifico, luego existo


Con pretextos está bastante difícil construir prosperidad. Sucedió en Pretextolandia. Más bien, sucede todo el tiempo. Como dice un buen amigo, en este país podemos hacer lo que nos venga en gana en todos los órdenes y, al final, casi todo se resuelve con una buena justificación. Cuando se lo escuché por primera vez me puse a pensar en que cuando la extensa galería de pretextos se mezcla con el muy mexicano cinismo, el resultado es catastróficamente kafkiano, con ese inigualable agridulce saborcito del absurdo. Nada raro en una nación donde los abogados estudian para evadir la ley, los contadores para evadir el fisco y los economistas para evadir la realidad. Cuando le dije esta última frase, mi amigo, que es abogado, reviró: “Y no lo olvides: los periodistas lo hacen para evadir la verdad.” Por supuesto que esta última me dolió, por lo que evito sumarla a la expresión. Ni hablar. Pero, de vuelta al tema, con pretextos no se construye prosperidad para una nación. Antes, se pone un freno (no necesariamente al cambio, como ahora nos insisten en los frecuentes spots radiofónicos diseñados en Los Pinos) a toda posibilidad de asumir, cada quién, las responsabilidades que nos corresponden. Justificar es transferir la responsabilidad a alguien o a algo más.
Seamos sinceros: ¿cuántas veces no hemos recurrido a la artimaña de la honrosa justificación salvadora? Si llegamos tarde a un compromiso, fue porque había mucho tráfico. Si no entregamos a tiempo el proyecto solicitado, fue porque se atravesaron otras urgencias. Si no pagamos a los proveedores, fue porque los gringos invadieron Irak. Si no ganamos la licitación, fue porque el otro hizo trampa. Si no pagamos impuestos, es porque el dinero se lo van a robar…
En realidad, lo que hay detrás del ficticio imperio de la recurrencia al pretexto es el escaso (o nulo) valor que en México tiene la palabra. Hay países donde no es necesario firmar un contrato para establecer un compromiso. Se sabe, de antemano, que con el sólo hecho de dar la palabra, hay un acuerdo de honor de cuyo cumplimiento nadie duda. Y no se inventarán los pretextos y las justificaciones para evadirlo.
EL AUTOR NO ENCONTRÓ UNA BUENA JUSTIFICACIÓN PARA EVITAR ESCRIBIR SOBRE ESTE TEMA.

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