Healthy Freaks


El otro día encontré a un viejo amigo que decidió cambiar, de golpe, todos los malos hábitos de su vida. Es interesante su metamorfosis. De buenas a primeras, dejó la Coca-Cola y comenzó a beber agua con clorofila. Asimismo, su obsesión por comer de dos a tres donas al día la dejó por unas galletitas inmundas de siete calorías cada una (una especie de lamentable oblea de All-Bran). Y, por si fuera poco, dejó de fumar después de varias décadas de encender un cigarrillo tras otro, y adoptó vainas de canela y varitas de orozuz, a cambio.
Mi amigo es un buen ejemplo de cómo los viejos hábitos pueden transformarse y por qué hay una nueva industria que está floreciendo como muy pocas en estos tiempos de tercas contracciones económicas: la industria de los healthy freaks, o dicho en un arriesgado castellano, de los obsesivo-compulsivos por la salud, una especie que ha ido en crecimiento en los últimos años de una manera notable. Basta con asomarse a ver la cantidad de aguas embotelladas, bebidas isotónicas, barras de granola, yogurts y bebidas lácteas de propiedades maravillosas y toda una gama de productos light y ultralight.
Pero nadie es perfecto. Después de charlar con él, me confesó que aún tiene algunas debilidades: los hot cakes de los bisquets de Álvaro Obregón, la tortilla española que él mismo aprendió a preparar en un pequeño pueblo andaluz y los tacos de suadero y longaniza que venden afuera de un su- perama, cercano a su casa. “Vaya —me quedé pensando, con mi afición de psicólogo del mercado y los hábitos de consumo del siglo XXI— parece que esto complica terriblemente a los marketeers de las nuevas tendencias saludables. ¿Cómo se enfocan las baterías del consumo a gente que a mediodía bebe una jarra de Clight y antes de la medianoche devora una decena de tacos barnizados con grasa?” Yo propongo una nueva filosofía publicitaria, más enfocada a la típica y común incongruencia e inconsistencia de los seres humanos. Se aceptan sugerencias. Yo me declaro incompetente.
EL AUTOR, AL IGUAL QUE SU AMIGO, DEJÓ DE FUMAR (y volvió), TOMA AGUA CON CLOROFILA Y, EN EFECTO, TIENE TAMBIÉN UN GRAVE PROBLEMA CON LA INGESTIÓN DE TACOS.

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