El rey cuentachiles


En tu empresa hay varios así. Son necesarios, por supuesto, pero en ocasiones sacan de quicio a cualquiera.
El dueño de la empresa los adora. Son personajes tan enfocados a vigilar los costos, que los mismos propietarios de la compañía no lo harían con tanto afán. No importa qué tan estratégico sea el gasto, ellos siempre lo cuestionarán.
Son hombres y mujeres forjados en la cultura del ahorro. Por supuesto, eso es una virtud. Es gente previsora, enemiga de los sobresaltos, responsable… No está a discusión el indispensable papel que juegan en una corporación: sin ellos, el barco se hunde. Sin embargo, los extremos siempre son peligrosos. Y el extremo en estos casos se llama tacañería.
¿Cómo reconocer si han alcanzado estos límites? Basta observar si cuando acuden a un restaurante eligen su platillo del menú a partir del precio más bajo: quizá terminan comiendo diario pechugas a la plancha. O bien, cuando van a adquirir un auto, recorren todas las agencias bajo la consigna de encontrar un vehículo económico con el mantenimien- to más barato posible y bajo consumo de gasolina (¡viva el Tsuru!). ¿Qué hacen con sus trajes viejos? Los usan; a fin de cuentas, la moda siempre regresa. Son fanáticos del reciclaje de todo; más que por conciencia ecológica, porque de ese modo se puede ahorrar en macetas, vasijas, jarras, empaques, etcétera. Su celular es Unefon porque, sin importar la defi- ciente cobertura, cuesta un peso el minuto. Cuando viaja, se enorgullece por encontrar siempre hoteles de menos de 100 dólares la noche, desayuno incluido. Por supuesto, admira a Jack Welch y a todos los grandes recortadores de personal en el mundo, porque el headcount es un severo y constante dolor de cabeza. Menos manos, más ahorro. ¡Lástima que la ley mexicana castigue con semejantes liquidaciones los despidos!
Estos personajes tan espartanos son, reitero, la fuente de gozo de los accionistas, si bien su popularidad interna res- ponde a un solo término: cuentachiles. Revisan con lupa los gastos de los demás para celebrar, con sonrisa descarada, ca- da vez que pueden cuestionar y echar para atrás alguno. Por lo mismo, les cuesta demasiado trabajo entender que existen proyectos que requieren de dinero (“¿de veras tenemos que invertir esa suma?”) para salir adelante. Mundo ideal: que pague todo el cliente y por adelantado. Los riesgos no son más que un deporte extremo que es jugado por otros eje- cutivos irresponsables y analfabetas del valor del dinero.
No sólo eso. La verdad es que se ufanan de su propia condición. Un buen amigo, financiero, me dijo hace poco, lleno de orgullo de sí mismo: “Soy el rey cuentachiles, y mis súbditos son Peoplesoft, las calculadoras y las cuentas T.” La verdad es que no supe qué responderle.
JAVIER MARTÍNEZ STAINES DEBERÍA APRENDER UN POCO DE LOS CUENTACHILES PARA DEJAR DE GASTAR MÁS DE LO QUE INGRESA.

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