El omnipresente Darwin


¿Sobreviven realmente los más aptos? Esta es una humilde invitación a que recorras hoy tu oficina en busca de la res- puesta. Garantizamos diversión.
Si tienes un agudo sentido de observación, te habrás dado cuenta ya que tu oficina es un zoológico entretenido y didáctico. En esas jaulas modernas, sin rejas, habita una bella colección de fauna humana que, vista con profundidad, es un homenaje constante a la diversidad de la vida. Por donde se le vea, las mujeres y los hombres somos una raza bastante más divertida que los “animales no humanos” (con el debido crédito a María Elena Hoyo, autora de la expresión entrecomillada).
Una oficina, por lo pronto, es el laboratorio perfecto para experimentar con la evolución (involución, me corregirán algunos con razón) de las especies. Pero, ¿de verdad sobreviven los más aptos? Si entendemos como aptitud una mezcla adecuada de astucia, mañas y autopromoción, salpicada con una necesaria dosis de talento y un agudo sentido del olfato para rastrear las pistas del futuro, la respuesta es un rotundo sí. En el reino del “nadie es indispensable”, algunos se las ingenian para ser vistos como ejemplares muy difíciles de sustituir.
Presentamos a continuación una guía empírica que puede ayudarte a comprender mejor a tus colegas y a ti mismo en la granja corporativa, ese espacio donde se confunden las teorías de Darwin con salpicones orwellianos y, por supuesto, la certera sabiduría popular:
1.    El rey sigue siendo el león. El jefe está ahí porque nadie ruge igual que él. Es el gran maestro de la cace- ría, pero su arte consiste en facultar a los demás para que lo hagan por él. Si lo sacas de quicio (y es muy fácil que esto ocurra), estás acabado.
2. El león cree que todos son de su condición. ¿Tu jefe es workaholic y quiere que sigas su ritmo? Es inevitable: para él, todos bailan al mismo ritmo.
3. Las gallinas de arriba se cagan sobre las gallinas de abajo. La frase no es muy fina, ciertamente, pero en el amanecer del siglo XXI continúa vigente. ¿Te sorprende ahora por qué el CEO suele ocupar el piso más alto? La democracia es un asunto demasiado complicado como para llevarlo a la oficina.
4. Los tiburones nadan por donde quieren. Sólo unos cuantos (los resentidos les llaman privilegiados, aun- que el jefe les llama líderes de proyecto) se mueven por donde les apetece, facultados —aunque sea temporalmente— para dar órdenes a los demás, asunto que disfrutan con algarabía. Pueden ser muy peligrosos, pero fuera del mar no saben respirar.
5. Perro que ladra no muerde. Aunque conozco a varias personas que sufrieron el ataque de perros escandalosos, la realidad es que el club de los bravucones quejumbrosos es honesto y leal. Se sugiere ser pródigo en apapachos y reconocimiento para mantenerlo tranquilo.
6. Los dinosaurios no se han extinguido. Dado que el mundo corporativo moderno no suele ser generoso con quienes han acumulado varias décadas de experiencia, permanecen ahí porque el flujo de caja nunca es suficiente para acabar con ellos. 7. El rebaño es siempre el rebaño. Las ovejas siguen al pastor a donde quiera que vaya, se dejan trasquilar constantemente y se refugian en la seguridad de su corral. A las descarriadas se las come el lobo.
8. Los buitres comen carroña. Estas aves de rapiña saben prever dónde y a qué hora se presentará un cadáver. La lucha entre ellos —que atacan desde arriba— y las hienas —que vienen de abajo— para llevarse la mejor parte es, en ocasiones, de dimensiones epopéyicas.
9. El perico donde quiera es verde. No importa cuánto invierten algunos en camuflajear sus debilidades (sí, lo sé, es mejor decir “áreas de oportunidad”), éstas lo acompañan de piso en piso, de departamento en departamento… y todos se dan cuenta.
10. Las serpientes son ponzoñosas. Son los reptiles más peligrosos de la fauna, porque el día menos pensado te inyectan su veneno. De cualquier modo, aseguran su sobrevivencia arrastrándose. Conviene mantenerse alejado.
11. Camarón que se duerme, ya no trabaja aquí. Sin necesidad de mayor explicación.
AL AUTOR, AUNQUE SUEÑA CON SER LEÓN, LO DELATA LA COLA DE DINOSAURIO.

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